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22 de Septiembre de 2021

Informe Especial de BNLData

La compleja trayectoria de la regulación del juego en Brasil

La compleja trayectoria de la regulación del juego en Brasil
Brasil espera una nueva reapertura legal al sector de juego.
Brasil | 02/09/2021

Un completo informe realizado por los periodistas Magnho José y Carlos André de Oliveira Esberard, y publicado ayer por el portal BNL Data, recorre la historia del juego en el país, y concluye en que a pesar del apoyo de la sociedad, de los parlamentarios y de empresarios del sector, el Poder Ejecutivo duda aún al pensar en regular los juegos de azar en Brasil, pues temen disgustar a las bancadas de los evangélicos y de los conservadores en el Congreso Nacional.

E

l informe de BNL Data asegura que a pesar de haber pasado la mayor parte del siglo XX prohibido por el gobierno brasileño, el juego tuvo un camino tumultuoso con momentos de éxito y otros de demonización.

Los casinos nacieron en Brasil en el siglo XIX, en tiempos del Imperio, cuando aparecieron los primeros establecimientos autorizados por el emperador D. Pedro II.

Este primer período no estuvo marcado por el glamour que se suele asociar a los casinos, ya que además de los juegos propiamente dichos, los establecimientos ofrecían también espectáculos y orquestas, y eran espacios de entretenimiento variado.

En ese momento, los casinos generaban dinero al país a través del empleo y el turismo, impulsando la economía nacional. El Casino Paulista, inaugurado en 1901, fue sumamente popular a principios de siglo entre los jóvenes, hasta que fue destruido en un incendio en 1914. Además de un casino, el lugar fue utilizado como café, sala de conciertos e incluso una exposición de artistas plásticos.

Este tímido éxito se vio interrumpido cuando en 1917, el presidente Venceslau Brás decidió prohibir los casinos en todo el país.

La prohibición tuvo un impacto negativo, ya que la economía nacional se vio muy afectada por la pérdida de estos ingresos. Aun así, los casinos no cesaron por completo, ya que el juego continuó ilegalmente en Brasil durante los siguientes veinte años. A pesar de la prohibición, el presidente Epitacio Pessoa decidió lanzar el juego, solo en instancias hidrominerales.

En ese momento, el principal atractivo turístico de Brasil estaba relacionado a la salud de las personas que viajaban a lugares como el "Circuito das Águas", en el sur de Minas Gerais, formado por los municipios de São Lourenço, Caxambu, Lambari, Cambuquira, Baependi, Campanha, Heliodora, Conceição do Rio Verde, Carmo de Minas y Soledade de Minas, o para el clima templado de Petrópolis.

Por tanto, los lugares frecuentados por turistas tenían sentido, ya que daba un incentivo extra a su visita. Se creía que los casinos serían un espacio exclusivo para turistas, y no para la población local. Aun así, el cierre de casinos por parte del Gobierno fue frecuente debido a la oposición del segmento más conservador de la población.

Sin embargo, la prohibición no duró mucho. Inmediatamente después de la revolución de 1930, y la llegada al poder de Getúlio Vargas, el juego revivió.

En 1934, Vargas volvió a lanzar casinos en el país y caracterizó el apogeo del juego en Brasil con más de 70 casinos repartidos en todo el país.

Los establecimientos brindaban enormes espectáculos musicales, los artistas más populares del país solían presentarse en las salas de juego, que eran frecuentadas además por la élite económica y cultural de la época. Personas como Frank Sinatra, Albert Einstein y Santos Dumont visitaban los establecimientos en Río de Janeiro. Artistas como Carmem Miranda, Emilinha Borba y Grande Otelo, hicieron historia en los escenarios de los casinos de Río, principalmente en el Cassino da Urca y en el Copacabana Palace.

El gobierno de Vargas fue uno de los principales patrocinadores del juego. El Cassino da Urca fue considerado la casa de juegos más grande de América Latina, siendo mejor que la mayoría de los casinos de Europa, en su momento.

La apertura de los casinos no fue incondicional, ya que se prohibió su publicidad en los diarios y sólo se permitieron ciertos tipos de juegos. La presencia de niños menores de 21 años estaba completamente prohibida.

Desafortunadamente, la era de oro duró poco. Con el fin del Estado Novo y la elección del presidente Eurico Gaspar Dutra, el escenario cambiaría drásticamenteDutra decidió volver a prohibir el juego en el país, un año después de su elección en 1946.

La prohibición de Dutra involucró varios factores, como la intención de diferenciar la Nueva República del régimen del Estado Novo, que era patrocinador de los casinos. Además de la influencia ejercida sobre el Primer Mandatario por parte de su esposa religiosa, junto a la presión de la Iglesia y de los sectores más conservadores de la sociedad.

El decreto fue una verdadera sorpresa, ya que no se discutió al respecto antes de las elecciones o en los meses anteriores de Gobierno, atacando a una rama próspera de la sociedad en ese momento. Incluso la UDN, considerada en oposición al gobierno de Dutra, apoyó la medida para cerrar los casinos, ya que ello formaba parte de las promesas de campaña de la UDN.

Poco se mencionó sobre el hecho de que Dutra utilizó poderes autoritarios, para proclamar el fin del juego en el país. Principalmente, porque la Constitución democrática aún no estaba completa, al momento de la decisión del presidente, utilizando así el poder dictatorial de la época de Vargas a través del Decreto-Ley.

Según el argumento del presidente Dutra, “el juego no era compatible con la tradición moral y religiosa del pueblo brasileño”, ya que perjudicaba las buenas costumbres.

La decisión volvió a impactar en la economía, provocando el desempleo de más de 70.000 personas que trabajaban en casinos, además de haber perjudicado al turismo, con la pérdida de uno de sus principales atractivos.

A pesar de ello, la opinión de la prensa en su momento fue de un respaldo unánime a la medida, ya que condenaron a los casinos por “alentar a las personas a ganarse la vida con la suerte, en lugar de con un trabajo honesto”.

La razón final de la decisión de Dutra aún no se conoce, pero como los casinos fueron una de las fuentes de patrocinio del personalismo de Vargas, y sirvieron para promover su régimen, el negocio pudo haber sido demonizado por los nuevos gobernantes.

El diputado de la UDN Euclides Figueiredo llamó a los casinos "templos de culto del dictador". Durante las próximas casi ocho décadas, no hubo cambios significativos en este escenario. De hecho, la medida terminó siendo el fin de los casinos legalizados en Brasil, pero el juego aún tendría espacio en las siguientes décadas.

Cuando comenzó el régimen militar en Brasil, existía la intención de frenar el juego, pero incluso a fines de la década de 1960, el Gobierno comenzó a relajar su represión.

En la década de los ‘70, con la gran popularidad del fútbol debido al triple campeonato de la selección brasileña en el Mundial de México, el gobierno de los Medici terminó permitiendo el lanzamiento de la Lotería Deportiva, a través del Decreto Ley 66.118 / 1970.

El gobierno invirtió mucho en esta estrategia, creyendo en las ganancias del deporte debido a su éxito en el país, pero el 50% del dinero recaudado por la lotería fue a organismos públicos. A pesar de la ideología conservadora del régimen, la modalidad de lotería terminó ganando bastante popularidad entre los brasileños.

La dictadura militar sabía que los juegos de azar se llevaban a cabo ilegalmente en los casinos durante la década de 1980, pero evitó la represión porque era el entretenimiento de la alta sociedad. El juego era tan popular que los casinos eran de conocimiento público, pero el régimen prefirió mantener su postura contradictoria de no legalizar, sino de ignorar para mantener su alianza con los conservadores y la clase alta al mismo tiempo.

Estos juegos ilegales sucedieron en las casas de millonarios, con los que el gobierno militar no quería problemas. La dictadura evitó legalizar el juego para el ciudadano común, pero con el regreso de la democracia, el escenario comenzó a cambiar. Aunque los casinos no se han vuelto legales, otras formas de juego han comenzado a ganar más espacio en el entorno de la Nueva República, especialmente el negocios del bingo.

En la década del ‘90 se flexibilizaron las leyes. En 1994, la Ley Zico legalizó el bingo con el propósito de recaudar fondos para entidades deportivas. Por norma, el 7% de lo recaudado en la modalidad fue cedido a federaciones deportivas.

Esta ley duró poco, pues se abrió un CPI en la Cámara de Diputados para investigar problemas en el flujo de dinero. En 1998, la Ley Pelé confirmó el funcionamiento del bingo en todo el territorio nacional, y transfirió el control de las licencias y la fiscalización de la actividad a la Caixa Econômica Federal.

Nuevamente el gobierno enfrentó problemas: no había una estructura adecuada para controlar el bingo en Brasil, y la Caixa alegó dificultades para acreditar e inspeccionar los locales donde se desarrollaba el juego.

La Ley Maguito derogó a la Ley Pelé, y determinó el cierre de los bingos y videobingos en diciembre de 2002. Aunque muchos establecimientos continuaron operando, gracias a medidas judiciales.

A pesar de que se prohibieron los establecimientos de juego, las apuestas online comenzaron a popularizarse con la llegada de Internet, llenando el vacío dejado por la prohibición de los casinos físicos.

Los primeros casinos en Internet surgieron en los noventa, cuando la red comenzó a crecer en todo el mundo. Más y más empresas ingresaron al nuevo nicho de los juegos online con el correr del tiempo, y su popularidad creció en la década del 2000, cuando se ofrecieron premios e incentivos a los jugadores para aumentar el interés.

El póquer, que no se considera un juego de azar por ejemplo, se ha consolidado como una gran atracción, tanto a través de Internet como con los torneos presenciales.

Durante el gobierno de Dilma Rousseff, y con la llegada de una nueva crisis económica, se volvió a discutir el lanzamiento del juego con la esperanza de que los impuestos obtenidos ayudasen nuevamente a reflotar las arcas de Brasil.

El proyecto de ley originalmente pedía una apertura amplia del juego, incluyendo a los casinos, pero se truncó debido al juicio político. El 30 de agosto de 2016, la Comisión Especial de Marco Regulatorio de Juegos de la Cámara de Diputados aprobó un dictamen en sustitución de la PL 442/91 y sus anexos. Actualmente, la propuesta está lista para su votación en el Pleno de la Cámara de Diputados.

En 2017, las organizaciones benéficas comenzaron a realizar bingos en base a una interpretación del Artículo 84-B, Inciso III de la Ley 13.204 / 2015, hasta que la Medida Provisional 923/20 prohibió el uso de esta legislación para operar la modalidad.

En paralelo, desde 2015 el Instituto Brasileño de Juego Legal - IJL ha estado trabajando con el Poder Ejecutivo y el Legislativo para cambiar el escenario del juego ilegal en Brasil.

La entidad defiende la creación del Marco Regulatorio de Juegos en Brasil, mediante la aprobación del sustituto de PL 442/91 (y sus 23 PLs adjuntas) en la Cámara de Diputados, y del PLS 186/14 en el Senado Federal. Ambas propuestas están listas para su votación en el Pleno de las dos Cámaras Legislativas. Pero a pesar del apoyo de los parlamentarios, registrado en una reciente encuesta de Paraná Pesquisas, las propuestas aún no cuentan con el apoyo del presidente Jair Bolsonaro y la oposición de parte de la bancada evangélica.

Pese al apoyo de congresistas y empresarios del sector, el Ejecutivo duda aún sobre los proyectos que legalizan y regulan los juegos de azar en Brasil, pues teme enfrentar a los evangélicos y a los conservadores en el Congreso Nacional.

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