Esta industria que prosperó a pesar de una estricta regulación y una prohibición centenaria en la capital, París, tiene ahora en la mira a grandes centros urbanos en los que una vez no fue bienvenida.
Con los gobiernos locales, que actualmente deben hacer frente a problemas de liquidez, en busca de más ingresos, el impuesto sobre los casinos de tragamonedas se volvió un ingrediente muy atractivo para estas administraciones.
Esta situación está ayudando a las empresas a conseguir un punto de apoyo fuera de las ciudades con resorts y spas como Deauville, en la costa norte de Francia, a la que han sido confinados los casinos desde que el juego fue legalizado en 1907.
En un cambio de sentido político, el alcalde de Marsella, Jean-Claude Gaudin, acaba de abrir el camino para una operación de casinos en esa ciudad portuaria mediterránea de más de 800.000 residentes, donde uno de cada cuatro se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Anunció que lanzarán una oferta pública para licenciar a un operador de casinos en el territorio. "Nunca en mi vida entera he jugado en un casino, pero puedo entender que a la gente le gusta", señaló.
Como Francia, el resto de Europa se esfuerza por mantener a raya los gastos públicos, y el impulso para reducir el déficit está poniendo la financiación de los gobiernos locales bajo una creciente presión y aumentando el atractivo que genera la imposición tributaria a los casinos.
De acuerdo con la federación de la industria de casinos, los impuestos pagados por estas empresas, en su mayoría son gravámenes sobre las tragamonedas y otros tipos de máquinas con estas características. Proporcionan el 30% del presupuesto de la ciudad de Deauville, y hasta el 80% de los fondos locales en otros lugares.
Ahora que el negocio de los casinos en su conjunto volvió a observar beneficios por primera vez desde 2008, el potencial de recaudación de impuestos para los gobiernos locales es aún mayor. Por primera vez en siete años, los ingresos netos de 201 casinos de Francia aumentaron en 2015, con un crecimiento del 2,2% a 2,2 millones de euros.
"Francia es el país líder en Europa por el número de casinos y por la cifra de negocio, por delante de Inglaterra", dijo Laurent Lassiaz, presidente del grupo Casino JOA, a la agencia Reuters. Más de la mitad del espacio a los 22 casinos de JOA -indicó- ahora se dedica también a actividades no esencialmente de juego, y agregó que la diversificación era vital. "El objetivo es generar facturación y rentabilidad de la gran cantidad de actividades con una clientela que ve más a los casinos como centros de ocio", agregó.
Partouche, el grupo de casinos más grande del país, inició la construcción de un casino al aire libre en la histórica ciudad naviera de La Ciotat, cerca de Marsella, donde la mayor parte de un gran espacio al aire libre se llenará con máquinas tragamonedas.
Todos los grandes grupos de casino están mirando a Marsella, donde el cambio de política del alcalde Gaudin está inspirado en parte, por estudios que muestran que un nuevo casino podría crear 500 puestos de trabajo, y contribuir con 10 millones de euros por año para las finanzas públicas de la ciudad.
El último bastión es París, donde no hay casinos permitidos dentro de la capital o en cualquier lugar dentro de un radio de 100km, de acuerdo a la ley que data de 1907. A diferencia de muchas otras ciudades, en la capital es menor en la necesidad de una fuente adicional de ingresos.
Si las autoridades de París evitan un informe del 2015 que recomienda que los casinos sean legalizados, los grupos de casino podrían entrar en la capital a través de los clubes de juego privados, de los cuales actualmente hay sólo tres.
La idea de ampliar esa actividad a lo largo de los modelos que han prosperado en Londres, ahora se está examinando activamente, comentó Laurent Lassiaz.