El trabajo se publicó en el Journal of the American Medical Association (JAMA). La relación podría deberse a la mejora económica y a la disminución de la pobreza que suelen conllevar la construcción de estos establecimientos en los barrios o municipios.
El estudio se centró en California, donde hay una fuerte comunidad de descendientes de indios americanos cuyas tasas de obesidad infantil son desproporcionadamente altas en comparación con otras etnias, según los autores.
De hecho, se estima que el 48 por ciento de los niños presentan sobrepeso u obesidad. Además, en este estado, los casinos sólo están permitidos en tierras de las naciones originarias americanas, y los beneficios se reinvierten en el bienestar de la tribu.
Para el trabajo se analizaron datos de 117 distritos escolares, sobre un total de 22.863 niños de 7 a 18 años, y se realizó un seguimiento de su altura y peso entre 2001 y 2012, período en el que además se vio la evolución de la construcción de nuevas zonas recreativas.
Durante este periodo, en 57 distritos se construyeron nuevas salas de juego o se ampliaron las ya existentes, en otros 24 había ya algún casino o sala de juego pero no sufrieron ninguna reforma, mientras que en 36 distritos ni siquiera había uno de estos establecimientos.
En los distritos en los que había crecido la actividad lúdica había una media de 13 máquinas tragamonedas por residente, y tal cambio se asoció con un mayor nivel de ingresos y con una disminución de la obesidad o el sobrepeso infantil de un 2,5 por ciento, reconoció Jessica Jones-Smith, autora del estudio.
"No queremos decir que los casinos deban considerarse como un ejemplo de desarrollo económico", asegura la experta. Muchas familias deciden destinar las ganancias a la compra de alimentos más saludables y que engordan menos. Además, la prosperidad económica también se asocia a una mayor construcción de parques o pistas deportivas, lo que favorece que los jóvenes hagan más actividad física.