Los reclamos en la Comunidad de Valencia llegaban de todos lados. La industria del juego pedía ayuda de forma desesperada y desde todos los sectores que la componen. Los trabajadores pedían su reapertura para salir de los ERTEs y garantizar su fuente de trabajo. Cada una de las federaciones patronales exigían que se los escuche, y que se los beneficie de acuerdo a su limitada posibilidad de explotar económicamente su negocio. En los sectores políticos el tema dividía las aguas y estaban quienes pedían acciones concretas y quienes preferían, tras tantos años de demonizar al sector, que las restricciones hagan su trabajo. En el foco, el presidente de la Generalitat de Valencia, Ximo Puig, quien tras meses de hacer oídos sordos confirmó que no apelaría el fallo de la justicia local que establecía la vuelta al funcionamiento con un aforo del 30 % y con horario limitado.
Aunque sin duda esta parece la mejor noticia que podían recibir los establecimientos de juego, hubo otra que le compitió cabeza a cabeza: "la Conselleria de Hacienda y Modelo Económico acordó la bonificación al 100 % de la cuota íntegra del tributo sobre los juegos de suerte, envite o azar en la modalidad de explotación de máquinas y aparatos automáticos, durante el segundo trimestre de 2021, para aquellas máquinas de azar que hayan mantenido administrativamente su actividad y explotación durante el primer trimestre del año, pero no hayan estado operativas por las disposiciones acordadas por Sanidad en materia de Salud Pública para hacer frente a la pandemia".
"El compromiso del Consell es apoyar a aquellos sectores que se han visto doblemente afectados, tanto por la propia pandemia como por las medidas restrictivas y sanitarias adoptadas", profundiza la gacetilla, tras recordar que "tanto los locales de hostelería como los salones de juego en los que se ubican estas máquinas tuvieron que cesar su actividad durante la tercera ola, impidiendo a los responsables de las licencias de máquinas su explotación".
Es otro reivindicación importante para la actividad, que ya había reclamado en reiteradas oportunidades que no se podía pagar por lo que no trabajaba, que en este marco era una tributación injusta y tendenciosa. "La decisión se debe más a criterios ideológicos que sanitarios", aseguró hace unos días el director general de CeJuego, Alejandro Landaluce.
Miembros de la Unión de Trabajadores de los Salones de Juego (UTSAJU) estuvieron el jueves pasado frente a la Generalitat para reclamar la reapertura inmediata de los establecimientos. Su portavoz, Vicente Contreras, disparó: "Nos preocupa que detrás de la decisión de mantenernos cerrados se esconda la voluntad expresada por algunos partidos del Botànic de acabar con los salones de juego en la Comunidad Valenciana". La idea de la intencionalidad política de derrumbar la industria del juego es repetida por todos los actores del conflicto.
El sector del bingo también fue particularmente perjudicado. Desde la Federación de Ocio, Turismo, Festivales, Juego e Industrias Afines de la Comunidad Valenciana (FOTUR), su secretario general Juanjo Carbonell aseguró que la pandemia les había "vuelto a dejar en el abismo: sin salida. Las pérdidas se acumulan. Un bache más para un sector que siempre resurge y resurgirá". Y esa premonición que parecía que era imposible, terminó confirmándose el viernes pasado, cuando habilitaron el funcionamiento presencial con un aforo del 30 %, una ocupación máxima de seis personas por mesa y el cierre a las 18.
El permiso para funcionar es lo importante, pero está lejos del pleno funcionamiento que se podría tener. Sobre esto hizo eco la asociación SOS Hostelería, que argumentó que "no existe justificación al mantenimiento del aforo al 30 % en el interior de los locales de hostelería y restauración frente al 50 % de otros establecimientos como el comercio no esencial, ni en la adopción como horario de cierre de nuestros establecimientos de las 18h, frente a las 20h de otros establecimientos como el comercio no esencial". Los reclamos, lógicamente, continúan. Y con razón. Pero, luego de tanto tiempo cerrados, la reapertura a medias sigue siendo mejor que nada.
Fueron 85 días de incertidumbre que, por ahora, mientras la pandemia de COVID-19 y los inquisidores de la industria del juego lo permitan, son el aire fresco que necesita el juego valenciano, que según CeJuego, registra 133 empresas que mantienen más de 7 mil puestos de trabajo directos y 30 mil indirectos. Numeros, que acompañados del alto aporte impositivo, tendrían que jerarquizar al sector en la Comunidad.