Byrne construyó su reputación como un fiscal y ocupó varios cargos gubernamentales en 30 años de trayectoria. Durante sus dos mandatos como gobernador de Nueva Jersey (1973 y 1977), firmó la primera ley que estableció un impuesto sobre la renta en este estado y la norma que autorizó los juegos de azar en Atlantic City.
Su apoyo al juego legal derivó, en 1978, en la apertura del primer casino resort fuera de Nevada. “Atlantic City solía ser la zona turística de Estados Unidos”, expresó en una campaña publicitaria de 1977. “Pero se deterioró mucho y perdimos empleos, ingresos turísticos y orgullo. Por eso, luché por regular los casinos”, explicó.
En un titular del New York Post, Byrne fue proclamado como “El hombre que la mafia no pudo comprar”. En la era del Watergate, este eslogan se convirtió en autoadhesivos que les recordaron a los votantes que no todos los políticos eran inescrupulosos.