Tras la idas y vueltas por la obra del complejo Ferrariland, conocido como BCN World, desde Economía y Turismo venían reclamando que se apruebe el Plan Director Urbanístico para poder avanzar sobre el emprendimiento que va a ampliar la oferta lúdica de la Costa Dorada a público de poder adquisitivo alto.
A este reclamo se le suma Albert Solà i Maristany, presidente de la Asociación Independiente de Empresas Operadoras de Máquinas Recreativas (EUROPER), que insiste en que “paralizar la obra de BCN World, es un lujo que no nos podemos permitir”.
“Desde la presentación del proyecto BCN World todo ha cambiado mucho. Los principales actores y posibles inversores ya no están”, sentencia Maristany al tiempo que indica que con la “falta de decisión” del gobierno para aprobar el proyecto “no sólo peligran casinos sino otras inversiones como el Centro Outlet, que tan buen resultado económico para el empleo ha dado tanto en La Roca (Barcelona) como en Las Rozas (Madrid)”.
Para el presidente de EUROPER, hay un falso debate sobre si quieren ser Silicon Valley o Las Vegas, cuando este emprendimiento no implica convertirse ni en una ni la otra. “¿Qué impide la realización de estas inversiones? Paradójicamente lo más difícil está conseguido: el interés del inversor. El freno surge de los prejuicios y la doble moral”, reflexionó.
“La administración autonómica acaba de conceder contratos a la empresa gestora de las loterías de la Generalitat. Asimismo ha invertido cuantiosas cantidades en La Grossa, incluyendo la imagen del conseller Mas Colell en las campañas y acciones publicitarias. La misma administración que promociona y fomenta el juego y regula su fiscalidad, por cierto altísima, tiene dudas en la concesión de permisos si el inversor no es público ¿Por qué?”, cuestionó.
“Si Hard Rock, y sus propietarios, los indios Seminola, quiere desarrollar casinos en Europa, si no se instalan en la Costa Daurada, lo harán en la Costa Azul, a las afueras de Saint Tropez o en Italia o en Croacia”, ejemplificó.
En esta línea recordó lo sucedido con Port Aventura. “Fue el resultado de perder la guerra por la ubicación de EuroDisney, nadie nos obliga arepetir errores. La administración no quiere tomar decisiones y pretende trasladarnos las mismas a los ciudadanos”, recordó.
“Mientras se debate ‘shakespeareanamente’ sobre qué consulta hay que hacer, qué preguntar y a quién, los inversores buscan alternativas y la gente sin empleo pierde la esperanza. Nuestro clima, nuestra ubicación, nuestro paisaje, nuestro capital humano, nuestras infraestructuras son imbatibles. Todo ello no tiene sentido si hay una administración que no toma decisiones y no apuesta por rentabilizar todo aquello a lo que podemos sacar partido”, subrayó.