Después de la reforma impositiva que ha llevado a cabo el gobierno británico, han comenzado a surgir las primeras reacciones en el mercado de juego inglés. Por el momento, William Hill ya ha tomado la decisión de cerrar más de un centenar de establecimientos de apuestas a lo largo del año, culpando a las decisiones sobre el aumento de la presión fiscal de las máquinas de juego, una de las potencialmente principales fuentes de ingresos de la compañía. Y es que el aumento de los impuestos del 20 al 25 por ciento sobre los ingresos totales de las máquinas de apuestas pretenden recaudar unos 75 millones de libras al año, algo que ha enfurecido al sector empresarial de las casas de apuestas.
El presidente ejecutivo de William Hill, Ralph Topping, aseguró que "el aumento de impuestos significaba que no existía ninguna posibilidad de poder salvar unos 109 establecimientos de apuestas, los cuales, no resultaban ya rentables. Este cierre supondrá el despido de más de 420 trabajadores, así como un coste adicional de 24 millones de libras para las cuentas de la compañía", al mismo tiempo que añadía que "esto resulta particularmente decepcionante, ya que a pesar de la crisis económica, hemos trabajado duro para intentar incrementar nuestra base de ventas al por menor, sin embargo, la nueva fiscalidad aprobada por el Gobierno nos ha impedido alcanzar nuestro objetivo".
A pesar del plantón de la empresa británica y el anuncio del cierre de establecimientos de la casa de apuestas, algunos analistas económicos, como Ivor Jones, apuntaban que "William Hill es uno de los operadores que se encuentra en mejor posición para soportar la nueva presión fiscal y regulatoria, por lo que sigue siendo recomendable invertir en dicha empresa".