Italia representa el mercado más importante de Europa en el sector, y el quinto en el mundo (el primero es Estados Unidos). Mientras el consumo de bienes ha disminuido un 8% a causa de la crisis, los gastos por el juego no dejan de crecer, explica el sociólogo Maurizio Fiasco, el mayor experto italiano sobre el tema.
Al inicio de la crisis, hace cinco años, los italianos se jugaban unos 15.000 millones de euros, cifra que ha pasado a 80.000 millones en el 2011. El Estado ganó 10.000 millones, prácticamente lo mismo que las organizaciones criminales: 41 clanes mafiosos meten la mano en el sector, limitando los ingresos fiscales del Estado.
Cada italiano se juega una media de 2.125 euros al año. No se da un paso sin tener abierta la posibilidad del juego: en el bar, en las tiendas, en el bingo, bajo casa, junto a la oficina, en la red... Italia tiene más de 700.000 máquinas de juego distribuidas en 1.500 salas, abiertas 365 días al año.
Se calcula que 34 millones de personas, más de la mitad de la población, son aficionadas al juego. “Se trata de una burbuja que se infla cada día un poco más”, explica el sociólogo Maurizio Fiasco, quien hace una durísima denuncia de la publicidad que se hace del juego.
“La promoción que se hace del juego es particularmente atractiva porque muestran cómo un ama de casa, por ejemplo, puede cómodamente desde el sofá de su casa, proyectarse en un mundo fantástico y lleno de posibilidades. Se eligen actores con imagen de credibilidad que puedan inducir fácilmente a la imitación. Se viola así el derecho a la salud, el derecho de los consumidores y el derecho a no ser manipulados por mensajes publicitarios”, concluyó.