Los australianos gastaron 18.639 millones de dólares (13.801 millones de euros) en juegos de azar durante el año fiscal que culminó en junio de 2009, lo que supone una media de 1.471 dólares (1.090 euros) por persona, según un informe de la Comisión de Productividad.
A ello se suma unas 115.000 personas con problemas graves de adicción a los juegos de azar y otras 280.000 con “riesgos moderados”. Con estos argumentos, el Ejecutivo de la primera ministra Julia Gillard quiere poner coto al gasto diario del jugador a partir del 2014. La iniciativa es, además, un compromiso del partido gobernante con el diputado independiente Andrew Wilkie por su respaldo parlamentario.
El plan gubernamental es incorporar a las tragamonedas un dispositivo que impide al cliente apostar más de lo que ha marcado al comienzo. Wilkie desea que el cupo por hora se limite a 117 dólares (87,2 euros), en lugar de los 1.176 dólares (872 euros) que permiten las máquinas más modernas en la actualidad.
Los clubes se quejan de que deberán gastar 2.954 dólares (2.182 euros) por máquina para adaptar los dispositivos y 24.622 dólares (18.190 euros) si tienen que comprar una nueva, a lo que se debe sumar los elevados costos de mantenimiento.
A este gasto inicial se debe añadir la merma de ganancias anuales, entre un 20 y 40%, lo que representa entre 5,9 y 11,8 millones de dólares (4,4 y 8,7 millones de euros). La pérdida no es solo para los propietarios sino también para los gobiernos estatales, como el de Nueva Gales del Sur, que contiene la mayor cantidad de tragamonedas del país.
Si la medida prospera, los clubes vaticinan que la caída de sus ingresos afectará la financiación de sus equipos deportivos, así como sus diversas obras sociales y caritativas. El académico Charles Livingstone de la Universidad de Monash, defensor de la propuesta, recordó que los clubes aún tienen los multimillonarios ingresos por los “derechos de transmisión televisiva de los partidos”.
El Presidente de Clubs Australia, Anthony Ball, aseguró que estos controles que propone el Gobierno “no ayudarán a combatir el problema del juego” y sólo devastarán al fútbol en todas sus categorías.
La adicción patológica a los juegos electrónicos o de azar genera en Australia un gasto social anual de 4.605 millones de dólares (3.415 millones de euros). El Gobierno se ha mostrado determinado a combatir la ludopatía, pero no queda claro qué pasará con los juegos de poker y los casinos por Internet.