Allí se rodó la película original de la saga de Ocean’s 11, en los años 60. Tan importante fue su presencia, que le dio a una calle (Sahara Avenue) su nombre.
Durante seis décadas, este casino marcó los límites, al norte, del boulevard de la ciudad. Hoy, después de años de dificultades económicas, sus neones han dejado de brillar, quedando en la historia de la ciudad como un ícono.
El Sahara abrió cuando Las Vegas era el patio de recreo para los actores que se aburrían en Hollywood. En la misma década abrieron el Riviera, el Hacienda, el Tropicana y el Stardust. Allí acudían Frank Sinatra, Sammy Davis Jr. y Dean Martin a actuar los fines de semana, y todo tipo de estrellas, desde Marlene Dietrich hasta los Beatles, cantaron o se alojaron allí.
A mediados de los años 90, el empresario William Bennett compró el hotel y lo convirtió en lo que en Las Vegas se llama “grind joint”, una opción barata y poco lujosa que buscaba competir en precio con las nuevas atracciones que llegaban a la ciudad. Ahora, los célebres neones del Sahara pasarán seguramente a formar parte del recuerdo de un lugar que supo marcar el pulso de la ciudad.