En Buenos Aires están habilitadas 3.070 agencias oficiales de lotería, 46 bingos, 46 oficinas de apuestas hípicas, 11 casinos y cinco hipódromos. Una oferta variada a la que adhiere por lo menos el 28% de la población de Capital Federal y el conurbano, según una encuesta realizada por la consultora Ibarómetro. El 42% cree que el aumento de la oferta de lugares de juego fomenta la adicción y el 15,5% que atenta contra la cultura del trabajo.
El plan de ayuda al jugador compulsivo, del Instituto de Loterías y Casinos bonaerense, tiene siete centros en la Provincia (Morón; Villa Domínico; La Plata, Mar del Plata, Vicente López, Tandil, Pergamino y Mar de Ajó) y también habilitó una línea gratuita que es atendida entre las 8 y las 20 por cuatro psicólogos. El teléfono recibe entre 13 y 15 consultas por día.
"Esta patología afecta a quienes son vulnerables y tienen la creencia de que le pueden ganar al azar. Ingresan empujados por una sociedad de consumo que exige obtener bienes que un sueldo o un trabajo no les da. Entonces, aquello que puede ser para muchos una salida familiar, una diversión, se convierte en un negocio íntimo y privado que los lleva a jugar para ganar, hasta perderlo todo", dijo el psquiatra Martín Modaffari, coordinador del Centro. Según dijo el especialista, de acuerdo con relevamientos de organismos sanitarios, entre el 1 y el 2% de la población está predispuesta a la ludopatía.
Luz Mariela Coletti, de la ONG Entrelazar -de ayuda a adictos al juego- coincide en el diagnóstico: "En un contexto de crisis económica, la oferta de juego para ganar dinero es sumamente tentadora. Las variables sociales y económicas se conjugan alrededor del negocio del juego como un campo fértil, y se abonan con personas que creen encontrar allí una salida a su problema. Los ludópatas no son sin embargo sólo fruto de la instalación de casinos. Encontramos en cada uno de ellos una adicción particular: a perder", aseguró la licenciada en psicología.
La contención de familiares y amigos es clave para llevar al adicto a un centro de ayuda. En el programa provincial el primer paso consiste en una serie de entre 4 y 6 entrevistas personales para la elaboración del diagnóstico. Luego comienza un proceso de tratamiento grupal, que puede demandar varios años. Allí se inicia el alejamiento de las salas de juego. Modaffari concluye: "Pueden tener patologías de base como depresión o trastornos de la personalidad y a veces se recetan fármacos. El ludópata tiene un impulso inconsciente a quedarse sin nada. Nuestra tarea es detenerlo a tiempo".