Sin embargo, los verdaderos responsables de ponerle fin al establecimiento de juegos fueron los residentes del barrio Chicó, quienes interpusieron en 2008 una acción popular para pedir a Etesa suspender la resolución de funcionamiento por las irregularidades que presentaba.
De hecho, el mismo día en que fue inaugurado, una decena de residentes, en compañía de los ediles de Chapinero, algunos concejales y la alcaldesa local, Blanca Inés Durán, se pararon frente al local con pancartas en mano para exigir el respeto de las normas urbanísticas.
Todo comenzó a mediados del año pasado cuando Gaming Camelot, la sociedad dueña del casino, arrancó las obras en el predio sin tener licencia.
Por esas irregularidades la alcaldía local selló la obra por primera vez el 6 de junio de 2008 y por segunda vez el 14 de julio del mismo año, ya que los propietarios continuaron con los trabajos de manera clandestina.
Finalmente y tras comprobar la ilegalidad de la construcción de Taj Majal, la alcaldía de Chapinero ordenó el 29 de diciembre del 2008 a la sociedad dueña del casino y a los propietarios del predio pagar una multa de 79 millones de pesos (U$S 38.622), restituir el local a su estado original y cerrar definitivamente el negocio.
No obstante, Durán explicó que el cierre se logró gracias a la acción popular de los vecinos y no al proceso de la alcaldía local, que aún se encuentra en curso: "Nosotros dimos un primer fallo que fue apelado por los propietarios del casino, sin embargo la alcaldía ratificó su decisión y ahora es el Consejo de Justicia quien dará la última palabra. Su veredicto puede tardar hasta seis meses", dictamen que en nada cambiará la decisión del cierre definitivo del establecimiento.