El informe, encargado por el Departament de Territori i Sostenibilitat de la Generalitat, aporta cifras optimistas: calcula que el futuro centro turístico impulsará entre 2.000 y 4.000 empleos directos cuando esté en funcionamiento. Esta cantidad se dispara hasta 48.000 si se incluyen los indirectos y, sobre todo, los inducidos. “No se trata sólo de camareros, también habrá puestos en Marketing o mandos intermedios”, apunta Duro.
Los campos que crearán más ocupación serán los de servicios privados, comercio y hostelería, aunque “también se desencadenarán efectos muy positivos en la industria textil, madera, química, papel y servicios públicos”.
Más allá de los beneficios en términos laborales, el impacto en el turismo será muy destacado, a tenor de las cifras del estudio. El CRT sumará entre 1,7 y 2,1 millones de pernoctaciones hoteleras. Un 21,9 % más que las actuales.
“La estacionalidad se reducirá y llegará a nuevos mercados. Será complementario a la oferta turística que existe ahora en el territorio. Es un nuevo producto que sumará y situará al destino en un nivel más alto”, sostiene Duro.
Otra previsión señala que el número de visitantes oscilará entre los tres millones, según el escenario más conservador, y los cinco, según el más ambicioso. Su gasto anual se situaría entre 860 y 1.145 millones de euros (unos 913,6 a 1.216 millones).
Su zona comercial, que estará liderada por un gran outlet, será uno de los reclamos para visitantes de paso. A modo de comparación, La Roca Village, en Barcelona, recibe anualmente unos cuatro millones de persona, comenta Duro.
Considera, además, que el complejo de centros turísticos integrados tendrá un impacto económico en el Camp de Tarragona de entre 3.900 y 5.400 millones de euros (unos USD 4.143 a 5.736 millones) cuando esté a pleno rendimiento.