De origen rumano, el croupier pasaba las fichas a una cómplice durante sus descansos, en los que salía del edificio con la excusa de fumar un cigarrillo. La mujer era una atractiva rubia de Europa del Este, según revelaron los investigadores. El mecanismo fue repetido cientos de veces en los últimos meses.
La dirección de la empresa no pudo clacular el monto exacto del dinero en fichas que robó su empleado. Sin embargo, la policía halló en su vivienda una suma superior a los 17 mil dólares. Los responsables de seguridad del casino comenzaron a sospechar del rumano y realizaron un completo seguimiento de su conducta, mediante las cámaras del lugar.
En la última semana, esperaron a que saliera a descansar y fue abordado por agentes de la seguridad interna, quienes al palparlo descubrieron cómo las fichas se caían de su pantalón. Otras tantas quedaron escondidas en sus medias. De inmediato dieron aviso a la policía, que inició la causa y requisó su vivienda en busca de más pruebas.