Edición Latinoamérica
02 de Diciembre de 2020

Por Paulo Felipe Vivas Aguilera (*)

El difícil camino de la interconectividad

En Colombia, la principal entidad reguladora y de control de los juegos de azar, Coljuegos, se ha empeñado ya desde hace varios años en conseguir que el ciento por ciento de las máquinas empleadas en las salas de juego tengan sistemas de interconectividad en línea y en tiempo real, como la que ofrecen muchos de los modelos de última tecnología.

E

s indudable que el propósito de Coljuegos es lógico desde la perspectiva de control, además de ser conveniente comercialmente, por el potencial de promociones, alternativas de juego y estrategias que puede desarrollar un operador; ya esa experiencia se vivió con los operadores del juego de apuestas permanentes “Chance”, quienes fueron “obligados” por fuerza de decretos reglamentarios a incorporar tecnología que permitiera conectividad en línea y en tiempo real, y de dicha incorporación surgió una nueva industria capaz de procesar gran diversidad de productos que hoy son ofrecidos en esas redes.

Pero no debe olvidarse Coljuegos que también en esa ocasión fue necesario establecer unos cronogramas de incorporación prudentes, que no pusieran en riesgo la operación, y que significó la modificación de los decretos expedidos inicialmente.

Ante la inminencia de dejar en situación de incumplimiento a un elevado número de operadores, Coljuegos expidió el 29 de abril la Resolución 3442, la cual amplía la etapa de pruebas técnicas para la conexión on line, aunque tal ampliación sigue siendo en extremo precaria, toda vez que las principales razones para no conseguir que se produzca eficientemente este proceso, son las relacionadas con la infraestructura tecnológica, la cual en un alto número de las máquinas existentes y registradas, no es adaptable a este requerimiento.

Esta problemática se observa principalmente en los operadores de pequeño formato, aquellos que tienen una o dos salas con un bajo número de máquinas, y que en muchos casos han repotenciado sus máquinas y las mismas son comercialmente aceptadas en algunos target poblacionales. Es decir, ha sido una estrategia válida comercialmente.

De acuerdo con un estudio de caracterización realizado por ConTrato Humano S.A.S. para Fecoljuegos en el mes de marzo del presente año, en Coljuegos había registradas un total de 82.803 máquinas en un total de 340 operadores; sin embargo, solamente diez de ellos concentran el 22,5% del total de las máquinas, y corresponde a las salas de gran formato acompañadas de reconocidas marcas en la actividad. Lo anterior supone que teóricamente el 97% de los operadores son pequeñas salas como las que mencionábamos antes, quizás con máquinas cuya tecnología no está apta para cumplir con la disposición legal en los plazos indicados.

Según lo han expresado los operadores, para sujetarse al cumplimiento de la normativa de interconexión on line se requieren importantes inversiones, pero allí se observan algunos contrasentidos que dificultan nuevamente el éxito del proceso. El primero de ellos lo constituye la actitud negativa y reticente del sector bancario hacia los juegos de azar, sector que limita el acceso a servicios y productos críticos, como cupos de endeudamiento o leasing, por ejemplo. El segundo de ellos es la prohibición existente para la importación de máquinas de segunda en mercados foráneos, pero que técnicamente estarían aptas para el cumplimiento normativo, y podrían ser competitivas en materia de oferta de juegos, a un menor monto de inversión, es decir, haciendo más viable el camino frente a lo exigido.

Según información obtenida de la Bodega de Datos de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) en investigación realizada para Fecoljuegos, los activos de los operadores de juegos localizados en Colombia crecieron un 35,24% del 2012 al 2013, que representan $127 mil millones (USD$53 Millones) adicionales, y cuya lectura es que el gremio de operadores se ha esforzado por orientarse hacia la preparación adecuada de su infraestructura ya no solamente para cumplir lo reglamentado, sino principalmente para hacerse más competitivo; pero debe tener presente Coljuegos que ante las dificultades aquí enunciadas se requiere ser más flexible en la expresión legal del proceso, y los gremios en ello han propuesto cronogramas que suponen un esfuerzo enorme, pero que les comprometen razonablemente.

Con todo lo anterior, conviene plantear que se armonicen los intereses de Coljuegos como máximo órgano administrativo y de control de los juegos localizados, con el interés y capacidad real de los operadores, quienes han evidenciado estar comprometidos en el proceso de modernización tecnológica conscientes de los beneficios que ello traerá en la operación y administración de sus salas de juego, y en su capacidad para hacerse más eficientes comercialmente.

Finalmente, no resulta posible referirnos a la situación que atraviesan los operadores de juegos localizados en Colombia, modalidad de juego que además ha presentado los mayores crecimientos en derechos de explotación en los últimos tres años, y que está a punto de convertirse en el juego que más transferencias produce, sin mencionar que la ilegalidad representada en la existencia de cientos de máquinas que no pagan lo debido, es otro de los factores que afecta de manera sustantiva la actividad, reduciendo los márgenes de rentabilidad de quienes sí cumplen lo establecido legalmente, y frente a quienes las autoridades no logran realizar operativos de control representativos y de impacto significativo.

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