Pero hay lugares de juego, como el Casino de Mar del Plata, donde la proporción es todavía mayor: desde que esa ciudad se convirtió en un gran centro nacional de eventos y conferencias profesionales, hay ocho mujeres por cada dos hombres en las tragamonedas durante todo el año, según fuentes del casino.
En las llamadas “mesas de juego” que siempre fueron tierra de hombres, como la ruleta, ahora un 70% de los apostadores son mujeres.
“Entre ellas, hay tres grupos, distingue Susana Calero, psiquiatra y directora del Centro de asistencia, capacitación e investigación de las socio adicciones (CACIS). Las chicas de entre 25 y 35 años, sin pareja, que van a entretenerse con las máquinas porque no tienen con quién ni dónde salir: en un boliche ya se sienten incómodas y una salida a un teatro les parece cara”.
“El otro, son las de entre 45 y 60 años: por lo general, tienen problemas de pareja, hijos que ya se independizaron, y también van a llenar un espacio de soledad. Por último, están las señoras mayores, que a veces las ves moverse con su bastón, con un mismo trasfondo: en el bingo las llaman por su nombre, les dan unas masitas y una taza de té y van a pasar el día. Cuando uno les pregunta por qué van, dicen: ¿Y si no vengo acá, a donde voy? ¿Qué hago en toda la mañana o un domingo entero?”, aclaró.
“Para un jubilado, los precios son un anzuelo: la entrada vale $2, un cartón desde $3 y lo que se puede ganar es la evidencia de que hacerse millonarias no es lo que las mueve: a las 11 de la mañana, apenas abre el bingo, si se canta línea se ganan $13”, concluyó Calero.
Débora Blanca, psicóloga y directora de Entrelazar, un centro de investigación y tratamiento de la adicción al juego, sigue: “Las tragamonedas tienen un efecto autohipnótico: las mujeres están ahí, como adormecidas, apretando la tecla con el dedo. A diferencia de los hombres, que suelen ir a apostar fuerte y van a buscar vértigo y adrenalina, las mujeres usan la máquina como un antidepresivo: se sientan, juegan por poca plata y buscan matar el tiempo”.