El asunto gira en torno a juegos de mini-bacará disputados en abril de 2012, en los cuales se usaron naipes que supuestamente habían sido barajados previamente por un fabricante al que el casino le había pagado para que así lo hiciera, pero que en realidad no habían sido barajados.
Una vez que los jugadores se percataron del patrón en el que venían los naipes incrementaron drásticamente sus apuestas de 10 dólares por mano a 5 mil dólares y ganaron 41 manos consecutivas. El fallo fue emitido el lunes y el casino lo dio a conocer el jueves, pero es muy probable que sea apelado.