Según datos del Programa de Juego Responsable del Instituto de Juegos y Casinos de Mendoza, por semana entre tres y diez jugadores concretan pedidos de autoexclusión de las salas por encontrarse en proceso de recuperación.
Esta problemática, que suele negarse y mantenerse oculta, se reveló con fuerza la semana pasada con el caso de un matrimonio de Lavalle que dejó un bebé recién nacido en el auto para ir a jugar al Casino de Mendoza. Si bien en ese caso será tarea de la Justicia determinar si permanecieron todo ese tiempo en la sala oficial o si, como aduce la madre del pequeño, sólo se ausentaron unos minutos para ir al baño, lo cierto es que el suceso ha hecho clic en la sociedad.
Compulsiva
Carina Stehlik, directora del PPA, prefiere hablar de juego problemático en lugar de ludopatía, puesto que considera que este último término se refiere a una enfermedad y resulta estigmatizante.
“Se trata de una conducta compulsiva con relación a los juegos de azar o a lo que implican las apuestas. Es una conducta irrefrenable que puede convertirse en una adicción, pero no toda persona que juega termina en la ludopatía. Esto no significa que no haya alarmas y alertas previas que hagan pensar que hay síntomas y problemas”, reflexionó.
Una persona que busca jugar todo el tiempo atraviesa un proceso de sufrimiento y cree que una manera de llevarlo es distraerse con el juego. “Es un acto de enajenación, el juego hace de velo, es un objeto-droga, que actúa como calmante, que hace que el sujeto no se conecte con su sufrimiento psicológico o lo sufra de otra manera”, agregó.
Síntomas
Según explicó Stehlik, los síntomas varían de persona a persona, pero hay algunos factores comunes, como el desvío de dinero que tenía un determinado fin y se ocupa para jugar, perder el sentido de lo que sucede alrededor, cambios en los hábitos de sueño o en el humor, la pérdida de horas de trabajo o estudio, o el ocultamiento de información, entre otros. Así, la vida empieza a girar en torno al juego y el acto se vuelve compulsivo.
El Plan Provincial de Adicciones cuenta con el 0800-333-4884 para recibir consultas sobre este y otros consumos problemáticos. La difusión de este número a través de una campaña que comenzó a principios de agosto motorizó un incremento en los llamados por el juego del 20 por ciento. “No aumentaron los casos, sino las consultas”, aclaró Stehlik.
En general los que llaman son jugadores de larga data o familiares que no saben cómo acompañar la situación.
Una vez hecha la consulta, desde el PPA se decide su derivación a alguno de los nueve Centros Preventivos Asistenciales en Adicciones (CPAA) para abordar el problema de manera ambulatoria o en el marco de un programa de tratamiento integral.
Juego responsable
Por su parte, el Instituto de Juegos y Casinos de Mendoza tiene su propio programa de Juego Responsable, que hoy atiende a 20 personas.
Su titular, la psicóloga Gabriela Álvarez, reveló, entre otros detalles, que entre 3 y 10 clientes por semana piden la autoexclusión de las salas oficiales, situación que es aprovechada por el programa para ofrecerles asistencia y contención.
Juego responsable: el programa del Casino de Mendoza
El Programa Juego Responsable del Instituto de Juegos y Casinos de Mendoza atiende en la actualidad a unas 20 personas. La asistencia consiste en uno o dos encuentros semanales, individuales y con apoyo de la familia. Muchos llegan una vez que se han autoexcluido de las salas oficiales. Gabriela Álvarez, responsable del programa, dijo que se reciben entre tres y diez pedidos por semana. Suelen ser personas que llevan entre siete y diez años jugando compulsivamente, y se dividen en hombres y mujeres por partes iguales. Se estima que entre el 70 y el 80 por ciento de los casos no vuelven a jugar o juegan de manera no problemática.