Edición Latinoamérica
02 de Diciembre de 2020

Aunque no cuentan con normas restrictivas como la vigente en Chillán

Chile: los casinos populares agonizan en Coihueco y Pinto

(Chile).- A pesar de que no existen normativas que los prohíban en Coihueco y Pinto, la oferta de los casinos populares es cada vez menos atractiva para la gente. “Este negocio está que muere; al día no llegan más de cuatro o cinco personas a jugar. Parece que la gente ha perdido el interés por este tipo de juegos”, comenta Guillermo Saldías, dueño de diez tragamonedas instaladas dentro de su supermercado.

L

a ordenanza comunal que regula la autorización y explotación comercial de máquinas de habilidad, destreza o juegos similares con retribución o premios en dinero, en estricto rigor debutó el 9 de diciembre de 2013, cuando los inspectores de la Municipalidad de Chillán recorrieron las principales calles céntricas de la ciudad en la búsqueda de aquellos locales que mantenían en funcionamiento las máquinas tragamonedas consideradas ilegales.

Y es que la normativa local definió que una máquina de azar es todo sistema eléctrico o electromecánico que permite recibir apuestas en dinero, y que otorga premios en dinero o equivalentes a él, lo que obligó a los propietarios de las salas con estos aparatos a cerrar sus locales ante la férrea fiscalización de los funcionarios municipales, que a inicios de año empezaron a concretar la clausura de los negocios.

Ante la prohibición de funcionar en la comuna, algunas autoridades locales se animaron a predecir que muchos de estos tragamonedas iban a terminar en otras comunas de Ñuble, por lo que advertían sobre el riesgo de que Chillán exporte a toda la provincia el problema de proliferación de salas de juego que tuvo por años.

En Chillán Viejo y San Carlos no se demoraron en tomar la advertencia, y a través de ordenanzas publicadas en marzo pasado, que son parecidas a las chillanejas, le pusieron coto a estas máquinas.

Moribundos

No obstante en Coihueco aún se mantiene vigente una ordenanza sobre funcionamiento de negocios de juegos de entretenciones electrónicos que data de 1995. En este documento no se especifica las características que deberían tener las máquinas tragamonedas, esto es, si deberían responder a aspectos técnicos que la ubiquen como artefactos de azar o de destreza.

Si bien esta normativa podría haber abierto la posibilidad de que los aparatos de Chillán aterrizaran sin mayores inconvenientes a esta ciudad, la situación no ha sido tal, y más aún las salas que ya existen a duras penas tratan de sobrevivir con los pocos jugadores que llegan a “ganar” algunas monedas.

“Este negocio está que muere; al día no llegan más de cuatro o cinco personas a jugar. Parece que la gente ha perdido el interés por este tipo de juegos”, comenta Guillermo Saldías, dueño de diez tragamonedas instaladas dentro de su supermercado ubicado frente a la plaza, de los cuales siempre mantiene apagados cinco, ya que afirma, no le conviene encenderlos todos porque gastan mucha electricidad.

Algo parecido ocurre en el centro de juegos y de pagos “Pacman”. En el local creen que la baja asistencia comenzó a notarse cuando partió la ley antitabaco, puesto que la mayoría de clientes les gustaba fumar mientras utilizaba las máquinas.

El administrador municipal de Coihueco, Russel Cabrera, admitió que en un momento al interior del gobierno comunal se llegó a pensar que llegarían los aparatos chillanejos y que iban a proliferar.

“Con el correr del tiempo nos dimos cuenta de que no solo no había mayor demanda, sino que además ésta se redujo”, explica Russel Cabrera, y recuerda el caso de una moderna sala que funcionó hasta los últimos meses de 2013, pero que cerró porque tenía muy poca afluencia de público.

Sin futuro

En Pinto la situación no es diferente. En los tres negocios que existen cerca a la plaza, las pocas máquinas que comparten espacio con los productos de los supermercados y otros negocios solo toman polvo al no ser requeridas.

“¿De qué me sirven tenerlas acá si nadie las usa? Pasan más apagadas que encendidas”, comenta Oti Sáez, dueña de cinco tragamonedas instaladas en su panadería de la calle Santa María. De hecho decidió desprenderse de los aparatos y ahora está a la espera de que los vayan a buscar desde otra ciudad.

“Este no es un problema mayor en nuestra comuna; la gente en el campo tiene otras formas de entretenerse”, lanza de manera optimista el alcalde de Pinto, Fernando Chávez.

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