Freeman señala que el año pasado, sin que ningún estado hubiera legalizado el juego online, los ciudadanos norteamericanos gastaron tres billones de dólares jugando a través de operadores extranjeros. O lo que es lo mismo, explica que el 10 por ciento del juego online mundial procede de los Estados Unidos.
Lejos de haber resultado eficaz, la prohibición no ha hecho sino impulsar el juego ilegal y a quienes lo ofrecen, poner en riesgo a los jugadores del país y perder la oportunidad de innovar, crear empleo, y recaudar impuestos procedentes del juego online, argumenta Freeman.
Poniendo como ejemplo a los tres estados del país que han optado por regular el juego online, así como a numerosos países que lo han hecho en los últimos tiempos -entre ellos España- invita a una regulación nacional del juego online que crearía 22.000 empleos y traería 26 billones de dólares en impuestos.