Según Cameron, las terminales donde se puede apostar cantidades de hasta 300 libras "son un problema". Su sentencia no cayó en saco roto. A pesar de no proponer ninguna medida contra ellos, las acciones de casas de apuestas como William Hill o Ladbrokes se desplomaron por encima del seis por ciento.
Fue el Partido Laborista y no el Conservador del primer ministro el que sí mencionó que limitaría la expansión de las máquinas de juego si gana las elecciones generales.