Edición Latinoamérica
26 de Noviembre de 2020

El alcalde de esta localidad chilena recibirá el miércoles a los damnificados

Los propietarios de los casinos populares de Chillán piden revertir la ordenanza en su contra

(Chile).- Acalorada, y con al menos dos amenazas de desalojo de sala, se desarrolló una parte de la sesión del Concejo Municipal de Chillán durante la tarde de ayer. Una cincuentena de dueños y empleados de los casinos populares se presentaron -pancartas en mano- para advertir sobre la cantidad de cesantes y empresarios en quiebra que está dejando la nueva ordenanza municipal, mediante la cual se clausuran aquellos locales que cuentan con “máquinas de azar”.

E

l alcalde Sergio Zarzar, con voz pausada y relajada, ensayó una explicación que para los presentes evidentemente no tenía el carácter de punto final. “Lo que pedimos no fue que se clausuraran los casinos, salvo aquellos que contaran con máquinas de azar y los que sortearan premios entre los clientes. Ahora, pasemos al siguiente punto”, dijo el edil y acto seguido hubo una silbatina y varias voces se elevaron para pedirle que se les escuchara, a lo que el edil respondió: “Éste no es el momento, no corresponde, pueden pedir otra para una audiencia”.

No obstante uno de los presentes le reclamó: “Cada vez que nos hemos reunido con usted, dice que son los concejales los que se oponen; y los concejales dicen que usted es el de la idea, por eso, porque ahora están todos reunidos, queremos escuchar la verdad”.

Si la sentencia atacaba la sinceridad edilicia, y eso ya era razón bastante para molestar a Zarzar, lo que lo sacó de sus casillas fue que, acto seguido, el concejal Juan López Cruz (PRSD) lo contradijo: “¿Cómo que no corresponde? Si nosotros tenemos que escuchar a la gente”. Y los aplausos surgidos no contribuyeron a la paz.

Las críticas entre concejales y alcalde salieron fáciles, recriminándose o apoyándose, hasta que finalmente se decidió que serán recibidos tres representantes de los casinos el próximo miércoles, a las 10 de la mañana, aunque por más que lo pidieron, no salieron con el permiso para seguir funcionando hasta entonces. “Y ahora salgan, o hago desalojar la sala”, repitió Zarzar. Esta vez le obedecieron.

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