Este sector está perdiendo ingresos desde hace un tiempo por el auge de las apuestas online que hasta ahora no pagaban impuestos ni empleaban trabajadores españoles.
Casinos y bingos soportan tasas cercanas al 40%, mientras que el juego online tiene una presión del 25% a partir de la entrada en vigor de la Ley del Juego. En algunas comunidades el tipo es del 10%.