Desde la apertura de las jornadas, se realizó un detalle normativo por parte de los reguladores y se habló de sus inmediatos planes de habilitar el juego remoto en diciembre de este año, para pasar a las fuertes declaraciones del portavoz del PP. Luego llegó el turno de la abogada Cristina Romero, sobre la convergencia entre el juego presencial y el online, y el momento de los datos aportados por el consultor Mario de Fabritiis, antes de dar entrada a la mesa redonda sobre herramientas de negocio.
Esteban, en su relato de conclusiones, fue pasando revista a todos los intervinientes. Y entre citas y recuerdos a lo dicho por Eduardo Morales, Juan Barrachina, José Antonio Alfonso y Jaime Estalella, expuso muchos comportamientos del online, al que las autoridades le han permitido corre con ventajas por sobre los presenciales.
En su diálogo, Esteban hizo una defensa muy documentada de la legalidad, que el juego físico o terrestre representa, pero sin ensañarse con lo que viene por Internet, y señaló que el primer culpable de la impunidad siempre es el la autoridad que no reprime, o llega tarde y mal.
“No debemos pegarnos por un trozo mayor de tarta, sino conseguir que la tarta sea más grande”, agregó el ejecutivop de R. Franco. No obstante, se apoyó en la ironía para agradecer que “nos valoran” los del PP, claro que algo tendrá que ver que “generamos valor añadido, pagamos impuestos, creamos empleo”. Y una autocrítica al juego privado: “Somos 300 voces ante la Administración, con lo que somos 300 a ignorar”, aludiendo a la falta de unión entre los actores de la industria a la hora de entablar diálogo con las autoridades competentes.
Y al resumir, recitó algunos axiomas forjados durante el evento: “La TV es el medio del éxito y serán necesarias grandes inversiones en comunicación”. También aseguró que “el móvil es fundamental”, y señaló que “en Las Vegas se va a poder jugar contra la factura del hotel. ¿Por qué no contra la de Telefónica?”.
Finalmente expuso las tres veredas de su hoja de ruta: “me retiro, aguanto hasta morir o me reinvento”. La tercera opción, claro, porque “nosotros vendemos ilusiones a los jugadores”.