Adeudan 70 millones de pesos a Lotería Nacional

Argentina: los bingos porteños viven el peor momento de su historia

07-09-2011
Tiempo de lectura 3:25 min
(Argentina).- Los bingos de la ciudad de Buenos Aires están en decadencia: los concesionarios de las cinco salas sostienen que desde el 2001 a hoy, cayó a la mitad la concurrencia de los apostadores y admiten que por esta razón, adeudan 70 millones de pesos (16,62 millones de dólares aproximadamente) a Lotería Nacional. Operar slots en sus salas sería la salida a la crisis.

Los administradores de los bingos que en la década del ‘90 florecieron en la ciudad; ocupando, en su mayoría, salas de cine quebradas, argumentan que la caída del público se debe, fundamentalmente, al boom de las máquinas tragamonedas, que operan en diversos casinos, salas de juego y bingos de la ciudad y el conurbano.

Para los empresarios, sólo la habilitación de máquinas tragamonedas -hoy prohibidas en los bingos porteños- sería la salida que evitaría su debacle total, ya que cada bingo pierde por mes unos 400.000 pesos (unos 95.000 dólares).

"Acá, por ejemplo, hace cuatro años recibíamos unas 2.000 personas por día, mientras que hoy el promedio diario de apostadores es de 700. Trabajamos con un cuarto de la sala. Por eso cedimos una parte del salón para que construyan cuatro locales a la calle, ya que se nos hacía muy cuesta arriba pagar el alquiler", dijo al diario La Nación el gerente del Bingo Lavalle, Luis Martínez.

"Nosotros estamos trabajando a pérdida. Los números negativos oscilan entre 400.000 y 500.000 pesos por mes. Para compensar esta pérdida, desde hace cuatro meses no pagamos el canon a Lotería Nacional (es el 19,8% por cada peso que se apuesta)", reconoce Martínez. En 2001, el Bingo Lavalle recibió 512.900 apostadores, mientras que el año pasado concurrieron 264.283.

En la avenida Rivadavia al 2.200 está el Bingo Congreso, la sala porteña que más apuestas recibe. En la actualidad lidera el ranking, con 7,5 millones de pesos mensuales (1,78 millones de dólares), y lo siguen el de Belgrano (6 millones de pesos, 1,42 millones de dólares aproximadamente), el de Flores (5,8 millones de pesos, o 1,38 millones de dólares), el de Lavalle (5,3 millones de pesos, 1,26 millones de dólares) y el de Caballito (5 millones de pesos, 1,19 millones de dólares).

"Nosotros recibimos unas 1.100 personas por día, pero desde que se prohibió fumar en las salas la concurrencia bajó notablemente. En total, antes había 2.100 empleados en los cinco bingos y hoy son unos 700. La gente ya no viene como antes. Y la competencia con los bingos del conurbano es desleal, porque éstos tienen máquinas tragamonedas y se llenan de gente", afirma Domingo Lacuaniti, gerente del Bingo Congreso.

"Hay que tener en cuenta que, por cada peso que se apuesta, el 19,8% es para Lotería Nacional, el 64% se entrega en premios, y el 16,2% es para el sector empresario", agrega Lacuaniti.

La puja de los bingos porteños por su inclusión en el negocio millonario de las máquinas tragamonedas es de larga data. Los bingos se instalaron en la ciudad a principios de los ‘90 y se prohibió expresamente en su habilitación el funcionamiento de juegos de azar que no fuera específicamente el bingo.

Esto se confirmó en 1993, con la ordenanza 46.477, que habilitó los bingos en la ciudad, aunque la concesión para el juego la otorgaba la Nación. Por otra parte, el Código de Habilitación y Verificaciones de la ciudad prohibía en su artículo 10.6.9 "el funcionamiento de entretenimientos electrónicos y electromecánicos tales como las denominadas tragamonedas o lechuzas, lotería inglesa o lotería electrónica".

Luego, en 2001, el entonces presidente Fernando de la Rúa firmó un decreto (494/01) que autorizaba la instalación de tragamonedas en la Capital. Pero unos meses después una jueza lo declaró inconstitucional. El tema todavía está en la Corte Suprema.

En 2002, el gobierno porteño allanó en dos noches los cinco bingos en busca de máquinas tragamonedas. Aunque pasó una década, la puja por el control del juego entre la ciudad y la Nación sigue vigente.

El gobierno de Mauricio Macri, al igual que sus antecesores, Jorge Telerman y Aníbal Ibarra, se resignó a que la Nación siga ejerciendo la jurisdicción sobre el juego. A cambio de ese reconocimiento, Lotería Nacional mantiene un convenio con la ciudad por el cual ésta participa de lo que se recauda por esta actividad.

Para Ariel Fassione, secretario gremial del Sindicato de Trabajadores de Juegos de Azar de la Argentina (Aleara), la situación de los trabajadores de los bingos es de mucha incertidumbre. "Hay unas 700 familias que no saben qué sucederá con su fuente de trabajo. Los concesionarios nos comunicaron que muchos perderán su fuente laboral porque la situación es insostenible. Pedimos una audiencia con Lotería Nacional, pero no nos respondieron. Y no descartamos una movilización para que nos escuchen", dijo el sindicalista.

Fuentes del gobierno de la ciudad reconocieron que la posibilidad de que los bingos incorporen máquinas tragamonedas dependerá de un nuevo acuerdo entre la Ciudad y la Nación por el manejo del juego, hoy no previsto. Y a juzgar por la historia y los negocios del azar, no será nada sencillo de concretarse.

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