En Londres, el primer club abrió en 1966, cuando la capital británica era el centro de la moda, la música, el arte y la vanguardia. Hermosas mujeres en sus trajes de conejita servían los cócteles o hacían las veces de crupier.
El local tuvo gran éxito y atraía a la farándula internacional, como el bailarín Rudolf Nureyev, el cineasta Roman Polanski, Los Beatles y las estrellas de la pantalla, Michael Caine y Julie Christie. Eran otras épocas, en las que las mujeres eran consideradas como un adorno al servicio de los hombres y la palabra “feminismo” no había entrado al léxico.
Su casino resultó tan lucrativo que mantuvo a flote el imperio de Hefner, que en muchos otros lugares perdía dinero a borbotones. A comienzos de los años 80, la empresa Playboy perdió su licencia para operar como casino y el club cerró, motivando la clausura de otros establecimientos similares alrededor del mundo y marcando el principio de la decadencia de la empresa.
En los últimos años, tanto Playboy como su creador, Hugh Hefner, han intentado reformular la imagen asociada con la marca. En búsqueda de ese pasado glamour es que la empresa abre ahora su nuevo club en la exclusiva zona londinense de Mayfair.
El establecimiento presenta la misma estética visual que el modelo original de los años 60, con fotos antiguas de Hugh Hefner en sus años mozos, rodeado de modelos. El decidido estilo retro incluye una taberna administrada por Salvatore Calabrese, a quien tildan del “mejor experto en cócteles del mundo”, una peluquería para afeites tradicionales, un bar deportivo y una terraza de fumadores. Precio de afiliación vitalicia, unos U$S 23.000.
“La estrategia es ir diversificando la marca. No solamente tienen un impreso, formas tecnológicas de información, ropa, muchos objetos Playboy. El club será otro producto más para vender una manera y un estilo de vida que ellos anuncian y que seguramente tendrá bastante clientela”, señala María Elvira Arango.