El viernes al mediodía, desde el Palacio Municipal, partieron tres contingentes conformados por burócratas municipales. En cada uno de ellos iba incluido personal de la dirección jurídica, de la dirección de desarrollo urbano, así como de Protección Civil y de la Policía local.
Los contingentes se apersonaron en los estacionamientos de los tres casinos ante la mirada atónita de clientes y guardias de seguridad privada de tales negocios. Funcionarios y empleados de los establecimientos lograron mantener la calma, y durante las tres diligencias no se registraron disturbios.
Uno de los casinos se encuentra ubicado en el sector San Jerónimo, denominado Red, y los otros dos inspeccionados se encuentran al sur de Monterrey sobre la avenida Eugenio Garza Sada, los cuales se llaman La isla del tesoro, en Plaza la Silla y Winland, local que fue inaugurado recientemente.
La presencia de los funcionarios alejó a la clientela, en tanto que, quienes se encontraban en el interior de los casinos, permanecieron ahí hasta que pudieran (sí así lo deseaban) cobrar o pagarle al negocio.
Al revisar documentación, entrevistarse con los encargados y realizar recorridos en las instalaciones de los tres casinos, el ayuntamiento resolvió clausurar temporalmente los casinos Red e Isla del Tesoro (Golden).Según informaron los funcionarios que conformaban los contingentes, ambos establecimientos carecen del permiso de la Secretaría de Desarrollo Urbano y de la Dirección de Protección Civil para su debida operación.
Al respecto del tercer casino, denominado Winland, se informó que carecía de medidas adecuadas de Protección Civil y, siguiendo los reglamentos municipales, la dirección jurídica del municipio de Monterrey resolvió aplicar una multa.
Los tres establecimientos cuentan con la negativa de la actual administración municipal para operar, pero sus puertas se encontraban abiertas gracias a una suspensión provisional que otorgó el Tribunal Contencioso Administrativo. La diligencia efectuada en los dos casinos clausurados, tomó poco mas de horas, y la tardanza obedeció al tiempo que demoraron los dependientes en liquidar las cuentas de los clientes.