En el pasado, los jugadores no podían deducir gastos como tickets de vuelo, facturas de taxi o noches de hotel, cuando tenían pérdidas. Pero a partir del caso de Robert Mayo, un jugador californiano dedicado profesionalmente a las apuestas en carreras de caballos, ha modificado la situación.
En 2001, Robert Mayo gastó 131.760 dólares en apuestas y sus ganancias ascendieron a 120.463 dólares. En su declaración de la renta, Mayo adujo tener pérdidas por valor de 10.968 dólares.
El juez afirmó que dichos números rojos, los 10.968 eran gastos empresariales que formaban parte de las pérdidas anuales. El caso de Mayo sentó un precedente favorable que beneficiará a toda la industria del juego, incluso a los jugadores profesionales de poker.
Steve Johnson, profesor de la Boyd School of Law de la Universidad de Nevada, Las Vegas, y especialista en legislación fiscal, valoró el caso para Las Vegas Review-Journal: “Probablemente todos los jugadores estarán celebrándolo. La decisión significa que el juego es considerado un negocio, lo que lo hace una profesión más. Un apostante profesional puede deducirse sus gastos empresariales”.
No obstante, la condición para poder deducirse dichos gastos es que el juego sea la principal fuente de ingresos del jugador. “Para poder deducir los gastos, el juego debe ser una actividad laboral a tiempo completo y la principal fuente de ingresos del jugador. Este es un requisito exigente, que pocos podrán cumplir”, comentó al citado periódico Judy Patterson, vicepresidenta senior y directora ejecutiva de la American Gaming Association (AGA).
Por consiguiente, aunque la nueva disposición puede ser considerada una victoria por los jugadores profesionales, solo los que tengan más éxito de este sector podrán beneficiarse realmente de esta nueva decisión.