Con poco crecimiento macroeconómico pero gran afluencia de turistas chinos amantes de los juegos de naipes, los expertos señalan que será más fácil la apertura de casinos con una simple condición: que esté prohibida la entrada para los japoneses. Esto no debería afectar a la economía de los complejos ya que con los jugadores chinos será suficiente.
Las propuestas para permitir los casinos también reflejan un crecimiento, aunque reticente, y el reconocimiento en Japón con respecto a que el poder del turismo chino no será más tratado con desdén.
La posición oficial de Japón sobre el juego ha estado siempre plagada de contradicciones. Las apuestas en carreras de caballos, bicicletas y botes son legales aunque en contextos controlados. El país también posee una Lotería Nacional.
Sin embargo, dentro de un mercado gris ligeramente controlado, miles de millones de yens se juegan todos los años en las salas de máquinas de pachinko del país. Algunos creen que las 14.700 salas de pachinko ya satisfacen el apetito de juego en Japón.
Universal Entertainment, el grupo japonés que posee la mayor parte de Wynn Resorts, sostiene que la prohibición debería levantarse del todo. “No tiene mucho sentido limitar la audiencia a los extranjeros”, señaló un vocero de la compañía.