¿Qué balance se puede hacer de estos veinte años recién cumplidos de la Lotería primitiva?
Fue la primera fórmula de lotería en España, en el siglo XVIII. Volvimos a utilizar la forma de elegir números y el diseño del juego se hizo pensando en la población. Fue un acierto tremendo En estos veinte años han nacido a partir de la primitiva otros juegos hermanos o hijos, como la bono-loto, más barato, y el gordo, más caro.
¿Por qué han cambiado la lotería de Navidad este año?
La vida avanza y las cosas cambian y a veces si uno no cambia se queda obsoleto. Es una modificación prudente, mínima. La naturaleza del sorteo no se cambia para nada, no hemos tenido ninguna tentación de hacer una primitiva con la lotería de Navidad, de hacer pocos ganadores con mucho premio.
¿Está en crisis el juego en España?
Creo que no. El año pasado el total de juegos subió un dos y pico por ciento. No es mucho subir, es mantener un poco. Yo pienso que estamos ante un mercado maduro, donde los crecimientos son ya muy difíciles. Sobre todo, lo que hay que hacer es una política responsable de no incitar al juego. Se juega bastante en España, más o menos como en los países de nuestro entorno, pero no somos un país enloquecido de jugadores. No hay mucho recorrido si no se quiere forzar la máquina, y desde luego aquí no se quiere forzar la máquina.
Que el Estado tenga en el mercado trece posibilidades de juego, ¿son muchas o no?
Son bastantes, pero diferenciadas. Ahora lo que hablamos son de dos nuevas apuestas de caballos, y son distintas, se busca un segmento de público diferente. Y luego pasa una cosa, como cuando salió la primitiva hace veinte años: sólo había lotería nacional y quiniela. Que duda cabe que en el éxito de la primitiva hubo clientes nuevos, pero también otros que trasvasaron su apuesta de una a otra porque les gustaba más. Lo normal ahora es que suceda lo mismo.