El Gobierno de La Rioja anunció la implantación del control biométrico obligatorio en los accesos de todos los establecimientos de juego y apuestas en la comunidad autónoma, con el objetivo de proteger a los menores de edad y los colectivos vulnerables.
La orden que regula dicha medida, publicada en el Boletín Oficial de La Rioja, otorga el plazo de un año a las salas de juego y apuestas para implantar el sistema.
En conferencia de prensa, el director general de Tributos, Jesús Ángel Garrido, y la vicepresidenta de la Asociación Riojana de Jugadores de Azar (ARJA), Concha Santo Tomás, afirmaron que se trata de un sistema que pretende “blindar” el acceso a las casas de apuestas y juego con “medidas más estrictas de control”.

Según indicaron, el sistema apunta a verificar la identidad de una persona mediante características como la huella o rasgos faciales. Está destinado a los cuatro bingos, los 36 salones de juego, las siete salas de apuestas y las dos webs autorizadas por parte de la Comunidad Autónoma de la Rioja para el juego online.
El sistema se conectará directamente con el Registro de Interdicciones, impidiendo de forma inmediata el acceso a personas autoexcluidas o con prohibición vigente. También actuará como mecanismo antifraude, evitando suplantaciones de identidad y el uso indebido de documentos.
Garrido explicó que la biometría es “una medida segura, garantista y eficaz”, y “se concibe como una herramienta al servicio del interés público, especialmente en materia de salud y protección de consumidores”.

Añadió que el sistema posee “máximas garantías en protección de datos”, como evaluaciones de impacto en protección de datos obligatorias, medidas de seguridad avanzadas, prohibición de almacenar datos de menores y conservación limitada de la información, con un máximo de seis meses”.
Por su parte, Santo Tomás sostuvo que este nuevo control lo que hace es “dar seguridad a esa decisión libre y consciente que toman las personas que quieren dejar de jugar”.
En esa línea, afirmó que el juego responsable “es una engañufla” porque pone el acento en el jugador, cuando “el problema del juego es el producto” que se hace “cada vez más adictivo” y que tiene “unas maneras más engañosas de funcionar”.