El Observatorio Vasco del Juego y la Universidad del País Vasco (EHU) presentaron el informe “Personas mayores de 65 años y el juego en Euskadi” en una jornada llevada a cabo en Vitoria-Gasteiz con motivo del “Día Internacional del Juego Responsable” que se celebró el 17 de febrero.
Según destacaron, se trata de una investigación poco habitual en este ámbito debido a la alta participación y baja problematización que el juego incide en este segmento de la sociedad en contraste con otros grupos de edad.
“Este informe es innovador y llena un importante vacío de conocimiento. Tradicionalmente, la investigación sobre el juego se ha centrado en la población joven y en las modalidades online, quedando las personas mayores en un segundo plano a pesar de la alta participación en determinadas modalidades. Precisamente ahí es donde la universidad juega un papel fundamental: generar conocimiento riguroso allí donde todavía no hay el suficiente”, indicó Ixone Fernández de Labastida, vicerrectora del Campus de Araba de la EHU.
Por su parte, el consejero de Seguridad, Bingen Zupiria, afirmó que el principal objetivo de la colaboración con la EHU mediante el Observatorio Vasco del Juego es “llegar a tener una visión amplia del juego, y poder llevar a cabo unas políticas públicas adecuadas y eficientes dirigidas a evitar y prevenir el juego problemático o incluso patológico”.

También explicó que mediante este estudio se quiere conocer “las principales características del juego en las personas mayores, identificar sus hábitos de juego, así como investigar los daños del juego, identificando, entre otros, situaciones de riesgo o vulnerabilidad”.
El informe incluyó 750 encuestas y tres grupos de discusión en las capitales vascas, y abordó los hábitos de juego en la población mayor de 65 años en Euskadi, desde la extensión de la práctica del juego hasta el componente emocional que adquiere en esta etapa de la vida.
De acuerdo a los datos recogidos, el 87,1% de las personas mayores de 65 años en Euskadi ha jugado a algún juego de azar en el último año. Se trata de una práctica muy extendida, que confirma que el juego forma parte de las rutinas de ocio de este colectivo.
Sin embargo, esta alta participación no se traduce en intensidades elevadas de juego teniendo en cuenta que el 58,7% juega un día al mes o menos y el 32,8% lo hace entre dos y cuatro días al mes, siendo residuales las frecuencias semanales o diarias. Según la investigación, a medida que avanza la edad, el juego tiende a adaptar formas más esporádicas y controladas, alejadas de dinámicas de riesgo.
El gasto medio también es moderado en estas edades. La media en la última semana antes de la encuesta es de EUR 7,78 (mediana de EUR 5) y de EUR 34,88 en el último mes (mediana de EUR 20).

Las modalidades más practicadas entre las personas mayores son las loterías tradicionales (Lotería Nacional, sorteos extraordinarios como Navidad y El Niño, Primitiva) y el cupón de la ONCE, seguidas, aunque de forma residual, por las máquinas de juego, el bingo o las apuestas deportivas, mientras que el juego online y los casinos tienen una presencia prácticamente inexistente.
Los discursos recogidos en los grupos de discusión refuerzan esta idea: las personas mayores identifican estas modalidades como “los juegos de toda la vida”, asociados a la costumbre, la confianza y la ilusión compartida, y las diferencian claramente de otras formas de juego que perciben como más “peligrosas o ajenas”.
El estudio también reveló que el 98,8% de las personas mayores que juegan no presenta indicadores de trastorno del juego según la escala DSM-V, la cual describe el juego patológico como “una conducta de juego persistente y desadaptativa que genera un malestar clínicamente significativo”.
Únicamente, un 0,4% de las personas jugadoras mayores de 65 años se hallan en alguna situación de juego patológico leve (no se detectan casos de trastorno moderado o grave), a las que se podría añadir un 0,8% de personas en fase de posible juego problemático. En términos absolutos, la estimación poblacional indica que más de 4.000 personas mayores podrían encontrarse en situación de riesgo en Euskadi, y algo más de 2.000 en juego patológico leve.