Análisis de Tomás Galarza - ASAP

La importación de máquinas tragamonedas en Argentina: Un camino simplificado, pero aún el más caro de Sudamérica

10-10-2025
Tiempo de lectura 2:52 min

Durante los últimos dos años, Argentina logró aliviar parcialmente la carga sobre la importación de máquinas tragamonedas por medio de dos reformas significativas. Por un lado, se redujeron progresivamente los plazos de acceso al MULC (Mercado Único y Libre de Cambios) para el pago de tragamonedas, facilitando los pagos de flete, seguro y divisas para estos bienes en sí. Paralelamente, el vencimiento del impuesto PAIS, en diciembre 2024, supuso un alivio crucial a las importaciones en general y al rubro en particular. 

Sin embargo, según Tomás Galarza, experto de ASAP Comercio Exterior, el impulso desregulador parece haber perdido tracción, particularmente tras vencerse las facultades delegadas el pasado 8 de julio, la caída sostenida del apoyo en Diputados desde mediados de 2024 y el resultado de las elecciones bonaerenses. A continuación, el experto comparte un análisis sobre el panorama argentino.

Los gravámenes a la importación más altos de la región

Al ingresar una máquina al país, el importador debe afrontar un Derecho de Importación del 35%, al que se suma la Tasa de Estadística del 3%. Esa primera capa ya implica que el costo base se eleva de forma considerable antes de sumar el resto de los conceptos. Sobre ese nuevo valor se aplica el IVA del 21%, lo que incrementa aún más la base imponible.

Pero no termina allí. La normativa prevé también una percepción de IVA adicional del 20% y una percepción del 6% a cuenta de Ganancias que, si bien funcionan como anticipos, generan una inmovilización financiera significativa para las empresas. A esto se añaden las percepciones provinciales de Ingresos Brutos, que varían según la jurisdicción fiscal del importador, pero que igualmente terminan engrosando la liquidación final. Recordemos también que, a los gravámenes plenos, se les suman anticipos como IVA, IIBB o Ganancias que, aunque recuperables, deben ser tomados en cuenta.

El total es una presión de los gravámenes de importación por sobre el 90%, haciendo de Argentina el país más costoso de la región, para importar máquinas tragamonedas.

La paradoja resulta evidente: mientras se avanza en reducir la burocracia y simplificar procesos, el peso de estos gravámenes sigue siendo el verdadero obstáculo. Estos bienes, al no ser esenciales, ocupan el último lugar en la lista de prioridades, incluso de un gobierno que prometió aliviar la presión sobre el comercio exterior.

Igual de caro, pero ¿más fácil?

En paralelo al endurecimiento impositivo, se fueron dando pasos para simplificar la operatoria aduanera. La creación de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) buscó concentrar funciones y aligerar procedimientos, mientras que se derogaron herramientas que habían quedado obsoletas y solo agregaban trámites sin aportar valor. Otra novedad importante fue el avance hacia un esquema más flexible en certificaciones técnicas, que ahora acepta avales internacionales y reduce controles locales, algo clave para el sector del juego. Estas señales, si bien no modifican la presión fiscal, generaron un entorno un poco más previsible para los importadores.

Para el caso puntual de las tragamonedas, también hubo cambios que ayudaron a descomprimir tiempos y costos. La Aduana dejó de intervenir en la verificación de seguridad eléctrica y se amplió el rol de entidades privadas en procesos de certificación, al mismo tiempo que se eliminaron formalidades como estampillas y la participación de cámaras en verificaciones. En su lugar, ganaron espacio las declaraciones juradas y mecanismos de liberación bajo garantía, que permiten acelerar el ingreso de equipos y posponer ciertas revisiones.

Conclusión

Estos cambios ayudaron a reducir costos indirectos, tiempos de despacho y trámites repetitivos, dando una señal de mayor previsibilidad a importadores en un rubro que históricamente fue el menos privilegiado después de los bienes suntuarios.

Sin embargo, la realidad es que estas mejoras no alcanzan a compensar el peso de la estructura tributaria. Los operadores reconocen que el camino hacia una importación más competitiva requiere no solo desregulación burocrática, sino un alivio en la carga impositiva que hoy multiplica el costo de cada maquina al momento de nacionalizarla.

Algunos, creen que el tiempo es ahora: la primera ventana para una reducción de aranceles se abrió con el apoyo inicial del Congreso y la legitimidad de un gobierno recién asumido, pero ese momento ya pasó. Queda por ver si, tras las elecciones de octubre -y con lo que el gobierno incluso espera ser una primera minoría-, se retoma el camino asumido en diciembre del 2023 con esta legitimidad renovada.

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