El Mundial de Clubes, cuya final será el próximo domingo 13 de julio, ha convocado a lo largo de estas semanas a millones de personas, muchas de ellas menores de edad. Muchos de estos aficionados argentinos no solo disfrutan de los partidos, sino que también participan en apuestas deportivas.
Según un informe del operador bplay, muchos adolescentes ingresan en el mundo de las apuestas y, dada su corta edad, pueden caer en conductas adictivas. El control parental y la regulación de las empresas son ejes fundamentales para cuidar a los menores.
Las estadísticas hablan a las claras de la necesidad de proteger a un sector tan vulnerable como los adolescentes con respecto a los juegos de azar. De acuerdo a cifras de la Lotería de la Ciudad de Buenos Aires (LOTBA), más del 60% de los jóvenes entre 14 y 17 años conocen plataformas de apuestas online. Además, tres de cada 10 adolescentes en AMBA dicen haber apostado online alguna vez, aunque no tengan edad legal.
En este contexto es importante señalar que, según consultoras de ciberseguridad, en eventos masivos como el Mundial de Clubes, el ingreso de menores de edad a plataformas de juego se dispara un 25%.

En esta línea, bplay recordó que las páginas de juego legal no permiten el acceso de menores, “a diferencia de las que no cuentan con los permisos necesarios que escapan a cualquier control, normativa y reglas, y no generan ninguna barrera para impedir que los menores apuesten”.
En el caso concreto de la casa de apuestas del Grupo Boldt, ésta implementa herramientas para evitar que los menores de edad puedan registrarse. Para asegurarse de que ningún adolescente pueda crear un usuario, los datos ingresados se cruzan con la base del RENAPER y con LOTBA que garantiza que el apostador es mayor de 18 años y no esté en el listado de autoexcluidos. Hay una segunda barrera con reconocimiento facial y, por último, solo se aceptan medios electrónicos de pago para hacer las apuestas.
Las casas legales deben cumplir con los requisitos de la normativa vigente y promueven un juego seguro, mientras que las clandestinas aceptan a cualquier usuario, cualquier método de pago, no tributan, no piden controles ni herramientas de juego responsable como limitar el tiempo de juego o el máximo de apuesta. Además, muchas veces son fuente frecuente de fraudes y estafas.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la Justicia, las autoridades y las empresas por combatir la ilegalidad, el 80% de las casas de apuestas son clandestinas en Argentina. En este sentido, bplay alertó que el riesgo está para los menores al alcance de un teléfono o una computadora y llamó a los padres a estar atentos a cambios de actitud o comportamiento de los adolescentes.
Algunas señales que pueden ser una “red flag” son: cambio repentino de grupo de amigos, encerrarse en la habitación más de lo habitual, caída en su rendimiento escolar y las notas, cambios de humor y mostrarse más agresivos, entre otros.
Según un informe de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, el 60% de los chicos llega a esas páginas web a través de amigos o conocidos mientras que el 26% lo hace por recomendación de influencers. El motivo que los lleva a crear un usuario es la búsqueda de dinero rápido para el 67% de los encuestados. El recreo en el colegio o los tiempos libres son momentos donde suelen proliferar estas actividades.
Finalmente, desde bplay advirtieron que la participación de menores en juegos de azar es un conflicto no solo de las familias y el entorno del joven, sino de la sociedad. Los adolescentes que se convierten en jugadores no solo pueden generar problemas financieros en las familias sino también puede llevar a los menores a sufrir ansiedad, depresión y, en algunos casos, adicción.