Edición Latinoamérica
25 de Octubre de 2020

Carta abierta del Presidente de la Asociación Peruana de Juegos de Azar (APEJA)

“Verdades y mentiras de la industria de los juegos de azar en el Perú”

“Verdades y mentiras de la industria de los juegos de azar en el Perú”
Constante Traverso, abogado de larga trayectoria en el sector de juego y actual titular de la Asociación Peruana de Juegos de Azar (APEJA).
Perú | 27/08/2020

En una carta enviada a nuestra redacción, Constante Traverso, abogado de larga trayectoria en el sector de juego y actual titular de la Asociación Peruana de Juegos de Azar (APEJA), recorre la compleja situación que vive el sector en el país, y critica duramente las medidas implementadas por el Gobierno para manejar la pandemia. Reproducimos a continuación el texto completo y exclusivo.

Cuando en la década del noventa, en el Perú se vivía una de las peores crisis económicas y de violencia terrorista de nuestra historia, la oferta de entretenimiento en nuestras ciudades se cubrió de luces de neón, espectáculos en vivo y cortesías. Las salas de juego supieron ganar la preferencia de la población y se constituyeron en centros de socialización y entretenimiento por excelencia.

Treinta años después, la industria del juego en el Perú se ha consolidado, creado y capacitado más de ochenta mil puestos de trabajo directos; y aportando más de mil millones de dólares en impuestos especiales, solo en los últimos diez años.

No fue un proceso fácil, tuvo que superar barreras legales y técnicas, impuestos confiscatorios, prejuicios y mucha ignorancia. Pero finalmente se logró un ordenamiento constitucional y legal adecuado, un régimen de control y fiscalización riguroso, e ingresamos en una etapa de maduración de la industria, considerada verdaderamente un ejemplo en la región.

En este contexto llega la pandemia al Perú, y el gobierno peruano, consciente de sus claras deficiencias de atención en salud pública, toma decisiones duras, pero necesarias: se cierra toda actividad comercial, a excepción de las relacionadas con la alimentación y la salud.

Han pasado más de cinco meses de esta disposición; ahora el país atraviesa una de las peores crisis de su historia. Seis millones de desempleados, treinta puntos de contracción del Producto Bruto Interno Nacional; y lo más grave, una cada vez más evidente sensación de ausencia de un plan o estrategia clara para enfrentar la crisis.

Está claro que ningún Gobierno en el mundo estaba preparado para enfrentar una crisis de salud de esta magnitud. Sin embargo, en el Perú, todas las falencias del Estado han quedado expuestas en la actual crisis sanitaria.

La titular de Economía emprendió un programa de reactivación y subsidios, sin considerar la realidad de la economía informal. Luego lanzó un sistema de bonos para atender familias vulnerables, que no sólo resulto insuficiente, sino que no sabe cómo ni a quien entregar. Después recordó que el sector rural, los independientes, el turismo y muchos más, también requieren atención.

La titular de Trabajo rechazó la suspensión laboral durante varias semanas, para luego terminar aceptándola, pero hasta ahora no termina de procesar y menos aprobar las mismas.

El titular de Salud exige protocolos fuera de la realidad. No tenemos ni enfermeras, ni médicos para cumplirlos.

Realmente el Gobierno luce confundido y desconectado de las autoridades regionales y municipales; y alejado del sector privado. Peor aún, a veces parece que entra en el juego populista del Congreso.

Frente a las iniciativas de impuestos a las fortunas, liberación de fondos de jubilación, control de los costos de la educación privada y hasta el regreso a la Constitución de 1979; el Gobierno duda y, por el contrario, no muestra una posición clara.

Ningún cierre económico puede ser indeterminado. Por ello el Gobierno, en el mes de mayo, dio marcha a un plan de reinicio de actividades económicas, pero sin acompañar este con las medidas de salud adecuadas. Peor aún, estableció el reinicio de las actividades en base a criterios subjetivos, sin sustento técnico alguno y finalmente arbitrarios.

En la práctica, el desempleo se mantiene y crece, refugiándose en la informalidad, donde las medidas de bioseguridad son inexistentes. Ello sumado a nuestros estructurales problemas de escasez de servicios públicos adecuados, nos ha llevado a una situación catastrófica, en donde tristemente lideramos los mayores niveles de contagios y muertes por la pandemia, en el mundo.

Poca o nula autocrítica, marchas y contramarchas, un gobierno sin cuadros políticos y hasta sin ideas, intenta administrar las crisis, dejando en evidencia que su único plan es esperar la llegada de una vacuna salvadora.

Es una situación muy difícil, pero realmente nos preguntamos, ¿no pudieron tomar en cuenta el desorden y la informalidad que se iba generar?

¿Acaso el gobierno no tenía información del hacinamiento en los hogares, de la gran cantidad de personas sin cuentas bancarias a donde depositar subsidios, de la ausencia de agua potable y saneamiento, de las familias con integrantes discapacitados o con enfermedades crónicas?

¿El gobierno acaso no sabe que el empleo no se puede crear por Ley? ¿Realmente no podía prever que esta situación iba incrementar significativamente la pobreza?

Ahora es urgente corregir el rumbo: el cuidado de la salud y de la pobreza sólo se combaten con empleo; y para ello, es necesario la aprobación de un único protocolo de salud general y obligatorio.

Con la implementación obligatoria de este protocolo, se debe proceder a la reanudación inmediata de todas las actividades comerciales, las acciones implementadas por el Gobierno ante la crisis, claramente han fracasado.

La historia se repite, una vez más, y los peruanos estamos acostumbrados a sobrevivir, sin esperar nada del Gobierno... o quizás, mejor aún, a pesar de las acciones fallidas del Gobierno.

Constante Traverso.

Deje un comentario
Suscripción al Newsletter
Suscríbete para recibir las últimas novedades
Ingrese una cuenta de email válida
Complete el captcha
Muchas gracias por haberte registrado a nuestro newsletter.