Edición Latinoamérica
23 de Agosto de 2019

José Miguel Chueca Santa María, director de JMC Gaming Consultants

Las buenas prácticas regulatorias

Las buenas prácticas regulatorias
"En un mundo globalizado como el nuestro, donde la disponibilidad de información e intercambio tecnológico es virtualmente ilimitada, compartir experiencias, políticas y puntos de vista debiera ser una tarea sencilla", opina Chueca.
Perú | 04/07/2019

El consultor analiza la política de Buenas Prácticas Regulatorias propuestas por entidades formadoras como el International Center For Gaming Regulation, y destaca el trabajo de dos organismos latinoamericanos en esta materia: la Superintendencia de Casinos de Juego (SCJ) de Chile y Coljuegos de Colombia.

Director de JMC Gaming Consultants, primera consultora multisectorial en Latinoamérica especializada en la industria del ... (+ Info)

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an pasado ya unos años desde que tuve ocasión de discutir este tópico con dos de las voces más autorizadas de la industria del juego en el mundo: Bo Bernhard y André Wilsenach, ambos excelentes amigos (si no les suena el nombre de Bo ni de André, le sugiero buscarlos en Google y considerar seriamente su futuro en esta industria).

André tuvo a bien presentarme el nuevo proyecto de la UNLV, el International Center For Gaming Regulation (ICRG), que promovería las buenas prácticas regulatorias, mediante la investigación y la capacitación a los reguladores en el mundo. Viniendo de la UNLV, esto no podía ser un enlatado que se trata de vender como la panacea. Más bien, aposté mis fichas, y gané el jackpot, a que esto era una metodología que buscaba desarrollar una gestión de los reguladores basada en principios de calidad, normalización y equidad legal.

Existen normativas y principios para las Buenas Prácticas Regulatorias en muchas industrias, que buscan integrar al regulador, certificador, consultor y empresario, en un ambiente de consenso. Se genera una atmósfera de colaboración, de permeabilidad a la sugerencia y la crítica y, sobre todo, de colaboración proactiva. Ninguno tiene la razón y ninguno está equivocado; todos tienen algo para aportar.

Y en ese acuerdo explícito es que se desarrollan las mejores prácticas, promoviendo regulaciones viables en implementación y control, mediante la aplicación de procesos medibles y objetivos, así como la capacitación real y permanente de quienes tienen a su cargo la evaluación y fiscalización (desterrando de esta forma la subjetividad y aplicación indiscriminada del criterio, a la vez que se frena la "creación" de expertos por nombramiento y no por competencias). No se alcanza la perfección ni se logra que el 100 % de las partes esté de acuerdo, pero sí se tiene un escenario cada vez mejor en contenido y forma, con menos oposición y más confluencia de ideas.

"Queremos incluir a Latinoamérica en nuestro plan ¿qué opinas?". Emociones encontradas. Por un lado, la autopista que buscaba para llevar la profesionalización a los reguladores en las diferentes jurisdicciones. Pero por otro, su natural reticencia a recibir esta ayuda y su temor, por desconocimiento en la mayoría de los casos, a la metodología, pensando, equivocadamente, que está exposición los ponía en riesgo de ser reemplazados.

Pero la realidad es diferente. Se trata de algo necesario por ser la forma en la que se trasciende en el tiempo. No ven muchos que es la ocasión de pasar a la historia como la gestión que dejó establecido un camino firme y una hoja de ruta clara, con una fuerte cultura organizacional de por medio.

La implementación de culturas como la que propone el ICRG son la base para un desarrollo objetivo y ordenado. No se trata de intentar convencer a la comunidad de que todo está bien cuando la percepción es contraria. Mucho menos es posible imponer el capricho del servidor público, quien exige, porque piensa que es un inquisidor y no un funcionario, lo que no le corresponde, olvidándose que está para servir y no para entorpecer.

Nadie nace sabiendo, pero todos pueden aprender. Ése debe ser un punto de partida. Pero el conocimiento no se adquiere por ósmosis ni por telepatía ni por antigüedad. Debe haber una transmisión de aquellos que saben hacia aquellos que deben aprender.

En ese escenario, donde en la gran mayoría de las jurisdicciones todo sigue igual, con la misma inercia y poca eficiencia, aparecen dos entidades, la Superintendencia de Casinos de Juego (SCJ) de Chile y Coljuegos de Colombia, que de a poco han logrado migrar a un entorno basado en la objetividad, donde los criterios se quedan en casa junto a las subjetividades. Y el avance es grande, los beneficios llegan inmediatamente y el dinamismo de la industria se siente de inmediato. Todos ganan, operadores, proveedores y el país. Se entendió que el significado de ser un buen regulador no es complicar in extremis en cada proceso, sino hacerlo ágil, rápido, seguro y justo.

Para una empresa como JMC Gaming Consultants, que trabaja activamente con el mismo volumen de clientes y procesos en siete países, los cambios de actitud en los reguladores son visibles inmediatamente. Y avances como los descritos, logrados en base al permanente diálogo sincero, abierto y permeable con la industria, reconfortan y nos marcan un camino a seguir. Hoy la foto cambia rápidamente: el referente y el líder regulatoria no es quien intenta convencer de que lo es, sino quien con sus políticas y acciones nos deja ver que está un paso adelante.

En un mundo globalizado como el nuestro, donde la disponibilidad de información e intercambio tecnológico es virtualmente ilimitada, compartir experiencias, políticas y puntos de vista debiera ser una tarea sencilla, dependiente solamente de la voluntad. Hagamos votos porque esto suceda prontamente y las Buenas Prácticas Regulatorias tengan, finalmente, un lugar en los organismos reguladores.

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