Argentina

Unos 350 jugadores se inscribieron en la lista de autoexclusión en Bahía Blanca

Alrededor de 350 personas, algunas de la ciudad y otras de la región, no pueden ingresar a la única sala de juegos oficiales de la provincia de Buenos Aires habilitada en Bahía Blanca, según informó el Centro de Ludopatía local.
04-01-2016
Tiempo de lectura 1:48 min
Alrededor de 350 personas, algunas de la ciudad y otras de la región, no pueden ingresar a la única sala de juegos oficiales de la provincia de Buenos Aires habilitada en Bahía Blanca, según informó el Centro de Ludopatía local.

La entidad, desde 2011 a la fecha, realizó el trámite de autoexclusión a casi 900 personas en el marco de un programa gratuito de prevención perteneciente al ministerio de Salud e Instituto de Loterías y Casinos de la Provincia de Buenos Aires.

La autoexclusión consiste en la firma de un “compromiso” de no acceder a estos locales por el término de dos años. El formulario lleva la firma y foto del involucrado, quien debe dirigirlo a la sede del centro, O' Higgins 543, acompañado de un testigo. Dicho trámite, luego, se envía al local de juegos.

“Si bien la cantidad de autoexclusiones se mantiene más o menos constante, queremos aclarar que muchas de las personas que se acercan y solicitan asistencia no llegan a autoexcluirse”, advirtió la psicóloga María Fernanda González Silvetti.

Pionero en el país, este programa tiene como objetivo promover la salud, prevenir a la población sobre las consecuencias del juego patológico.

De las estadísticas obtenidas del programa de Prevención y Asistencia al Juego Compulsivo se puede observar que hay mayor cantidad de hombres en comparación con mujeres que se acercan a consultar por esta problemática y que el grupo etario que realiza más consultas corresponde a la franja de 30 a 60 años.

La ludopatía o juego compulsivo es considerada una adicción sin sustancia, ya que la persona que la padece crea una relación de dependencia con el objeto, en este caso, los juegos de azar.

“No es la cantidad de dinero que se juega lo que define al jugador compulsivo, sino la adhesión que tiene al juego, es el tipo de relación que establece, el grado de dependencia que se crea”, expresó González Silvetti.

Así es que el juego deja de ser un acto recreativo, libre, sometido a ciertos límites donde se gana o se pierde, para venir a tapar algo: soledades, pérdidas o la necesidad de salvarse económicamente.

“Termina siendo un anestésico emocional, jugar hace que no experimenten sentimientos, que no se piense, como una forma de escapar a la propia realidad”, expresó.

Dijo que los bingos y casinos se convierten “en otro mundo”. “Representan otra realidad, se comparte un lenguaje particular y ciertos códigos". Por caso, cuando se juega no se habla con otros, en tal caso con la máquina entablándose así una “pseudo- relación” indiscriminada”.

“Allí se encuentra cierta satisfacción que en un comienzo es placentera y luego con el correr del tiempo se transforma de placentera en gozosa. Se convierte el juego así en una pasión”, dijo.

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