En julio de este año, el Gobierno nacional anunció que a partir del 1º de enero del año próximo dejarán de existir las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI's).
Luego de una serie de fallos desfavorablesante la Organización Mundial de Comercio (OMC), la Argentina debió ponerle plazo de vigencia al sistema del cual se viene valiendo desde principios del año 2012 para regular el flujo de divisas.
Como es bien sabido, detrás de la excusa del control previo de las importaciones y la generación de estadísticas confiables, la Secretaría de Comercio ha manejado discrecionalmente el sistema con el claro objetivo de controlar el caudal de dólares que salen del país.
El sistema de DJAI’s entró en vigencia el 1º de febrero de 2012. Desde sus orígenes, y durante todo el reinado del secretario Guillermo Moreno, el objetivo era que las empresas que pretendíanimportar se comprometieran a exportar por el mismo valor de sus importaciones.
Ya bajo el mando de la administración del secretario Augusto Costa, la compensación entre exportaciones e importaciones dejó de ser garantía de obtención de DJAI’s.
La información que los importadores deben presentar a la Secretaría de Comercio incluye datos e empleo, inversiones, crecimiento, etc., aunque así y todo no quedan claros cuáles son los parámetros que esta Secretaría tiene en cuenta a la hora de autorizar las DJAI’s. Sí se sigue viendo una fluctuación en la aprobación de las mismas, la que parecería estar íntimamente relacionada con la liquidación de divisas provenientes de las exportaciones.
Pero a raíz del anuncio del gobierno acerca de la extinción de las DJAI’s, hay una pregunta (sin respuesta cierta) que todos los que de alguna manera estamos relacionados con el comercio internacional nos hacemos: ¿Qué sigue?
Está claro que la DJAI’s deben dejar de existir. Pero también está claro que la DJAI nunca debió haber existido, y sin embargo existe. Y no es que algún gurú del comercio internacional diga que no debería haber existido este sistema, sino que es la misma OMC quien establece que no están permitidas las restricciones para-arancelarias a las importaciones, salvo contadas excepciones (en las cuales se amparan los países que aplican sistemas como el vigente en Argentina).
Por eso, la pregunta es ¿Qué Sigue?. En algunos ámbitos, el rumor es que el gobierno está desarrollando una estrategia dilatoria mediante la cual iría contra su propia promesa y no aboliría el régimen a fin de año. De esta manera, deberíair a discutir el tema en tribunales internacionales, ganando así al menos seis meses.
Otros rumores hablan del retorno de las Licencias no Automáticas (LNA). Sí, aquellas mismas que administraba Guillermo Moreno (también discrecionalmente) antes del advenimientos de las DJAI’s. Pero en este caso, los rumores hablan de que ya no se aplicaría solamente a un universo de 600 posiciones arancelarias (como era en su momento), sino que sería mucho más amplio.
La realidad es que sea que sigan existiendo las DJAI’s, sea que se implementen las LNA nuevamente, o sea que se institucionalice cualquier otro régimen, todo indica que, en las condiciones actuales de mercado, las restricciones a las importaciones seguirán al menos por algún tiempo.
Es que la falta de divisas es una realidad inobjetable, así como también lo es el atraso del tipo de cambio de la divisa norteamericana (al menos sí lo es para los exportadores que ven disminuida su competitividad en los mercados internacionales, ya que los costos internos aumentan desde hace años a un ritmo tres veces mayor que el tipo de cambio). Y ya no caben dudas de que esta situación se mantendrá por un tiempo, sea quien sea que asuma la presidencia de la Argentina el 10 de diciembre próximo. Las soluciones mágicas no existen, y cualquier medida que tome el futuro gobierno tardará un tiempo en surtir efecto.
El viejo problema de la Argentina trasciende a los colores políticos (y parece ser más bien una cuestión de idioscincracia): es la falta de una política seria de promoción de exportaciones que sea sostenible en el tiempo.
En general, los gobiernos de los últimos 50 años no han tenido en sus agendas el promover las exportaciones. Más bien se han ocupado de castigarlas mediante la aplicación de derechos de exportación (poco común en el resto del mundo), controles cambiarios, restricciones para la liquidación de divisas, demoras en los cobros de reintegros de aduana y de IVA, etc. Tal vez el próximo gobierno le dé algún grado de prioridad al tema y podamos comenzar a construir el camino que deberíamos estar transitando desde hace décadas.