En 2008 los madrileños invirtieron 3.477.000 euros (4.000.000 de dólares) en tragamonedas, cartas, ruletas y carreras de galgos o de caballos, según datos oficiales recogidos por la Dirección General de Tributos y Ordenación y Gestión del Juego. Las apuestas suponían únicamente 20.600.000 euros (23.000.000 de dólares).
La crisis económica hizo que en los siguientes años se invirtiese por completo la tendencia. En el 2012, las máquinas recreativas, los casinos y los bingos registraron una caída generalizada. Sin embargo, las apuestas dispararon su volumen hasta los 191.000.000 de euros (215.000.000 de dólares). Un año después, en 2013, el número de locales de apuestas ya había superado los 300 en la capital.
Este auge también se notó en el barrio madrileño del Pilar. En un radio inferior a un kilómetro de distancia se pueden encontrar hasta tres establecimientos en los que realizar apuestas deportivas. Estos pertenecen a dos de los más grandes operadores: Sportium y Codere. Ambos ocupan las posiciones más altas en cuanto a porcentaje de ingresos y número de locales abiertos.
El fútbol también es el rey de las pujas
“En las apuestas, el fútbol también es el deporte rey”, aseguró una de las empleadas de la tienda de Sportium de la calle Sangenjo. Sin embargo, hay vida más allá del fútbol porque la oferta es variada: básquet, tenis, F1 o hockey sobre hielo son sólo algunas de las decenas de disciplinas en las que se puede jugar.
Además, las carreras de caballos se mantienen como un clásico porque la emoción que se vive en un hipódromo se traslada a las pantallas de las casas de apuestas. “En el mundo de la hípica los apostantes suelen ser expertos que conocen bien a los jockeys y que apuestan cantidades de dinero elevadas”, explicaron desde la casa de apuestas.
A este tipo de competición le unieron, cada vez con mayor fuerza, las carreras de galgos. Todos los días, desde las 12 hasta las 22 no dejan de sucederse las competiciones. “Son muy populares entre los más jóvenes porque por un euro pueden apostar por uno de los seis galgos y en menos de tres minutos saber si han ganado o no”, explicaron.
Uno de los aspectos que trajo consigo el crecimiento de las apuestas es un cambio en el sector: la media de edad de los jugadores bajó considerablemente. “El perfil medio del apostante tiene entre 18 y 30 años”, explicó la dependienta de Sportium.
Enfermedad incurable
El número de adolescentes que llegan hasta las asociaciones que tratan la ludopatía no deja de aumentar. En Madrid, la asociación sin ánimo de lucro Jugadores Anónimos organiza reuniones en grupo en las que se comparten de manera anónima las experiencias vividas con el juego. “No damos el alta a nadie ni contamos con terapeutas, lo que intentamos es ayudar a la gente”, indicó uno de sus coordinadores.
Este objetivo lo comparten con el Grupo Date una Oportunidad, una organización que también se basa en el anonimato de las personas que acuden hasta ellos. “Lo que define a un ludópata no es el juego en sí, es que actúa cada vez con una mayor compulsividad”, explicó uno de sus miembros, quien tiene claro que la ludopatía es “una enfermedad incurable”.