Al hacer una revisión, el personal de informática descubrió que el fallo consistía en que el software interpretaba que el cliente había hecho más rondas de juego. Los ingenieros intentaron arreglar el problema, pero al no poder hacerlo, los gerentes decidieron cerrar y devolverle el crédito a sus clientes.
Los usuarios abordaron taxis o sus propios vehículos para dirigirse a otras casas de juego a tentar a su suerte.