A lo largo del afamado paseo marítimo de la ciudad, pantallas en blanco y el color negro más propio del duelo remplazan al neón titilante y las señales chillonas de algunos de sus palacios de apuestas más famosos.
Un tercio de los casinos está ahora a oscuras. Durante los últimos ocho años, los ingresos de los casinos de Atlantic City han caído más de un 45 por ciento. Un declive que tiene su reflejo en la frustración de las miles de personas que se han quedado sin trabajo.
Como lo expresa Ruth Ann Joyce, quien trabajó en los cainos Showboat y Revel de Atlantic City: "Los trabajadores de casinos, todos nosotros, hemos sido la vaca lechera del estado de Nueva Jersey por 36 años y ahora sentimos que nos han dado una patada a un lado".
El casino Showboat cerró en agosto después de casi 30 años en el negocio. Un revés incluso más grande para Atlantic City llegó pocos días después con el cierre del casino vecino Revel, cuya construcción costó 2.400 millones de dólares y parecía tener un futuro prometedor. Cuando abrió apenas hace dos años, el gobernador de Nueva Jersey, el republicano Chris Christie, hizo alarde del Revel como “algo revolucionario". En un margen de 24 horas, la ciudad perdió 5.000 empleos.
Los casinos de Atlantic City solían disfrutar de un monopolio no sólo en la costa noreste de Estados Unidos, la parte más densamente poblada del país, sino también en la orilla este del río Mississppi.
Ahora que los estados vecinos como Nueva York, Pensilvania y Maryland han relajado sus leyes sobre el juego, el mercado está saturado.
Hay demasiados casinos y no suficientes jugadores. El mercado regional de apuestas ha crecido menos del uno desde 2001. Durante el mismo período, se han abierto 14 casinos rivales en estados aledaños a Nueva Jersey.
En una industria ya tambaleante desde la Gran Recesión -la crisis financiera de 2008- ha sido difícil convencer a los jugadores de fuera del estado para que pasen de largo frente a los casinos cercanos a sus casas y que sigan camino hacia Atlantic City.
Trump toma distancia
Para Donald Trump, que hace 30 años concibió Atlantic City como rival de Las Vegas, ha sido frustrante observar el cambio.
Recientemente, se distanció de los casinos que llevan su nombre. El magnate inmobiliario posee el diez de Trump Entertainment Resorts y ha adoptado acciones legales para que se retire su nombre de las propiedades. Trump se quejó de que estaba perjudicando su marca personal y corporativa.
"Mucho de esto tiene que ver con una mala gestión política y mucho de ello también tiene que ver, honestamente, con que hay demasiada competencia", dijo en la sala de juntas de la Trump Tower, su sede en la Quinta Avenida de Nueva York.
El martes, a través de su cuenta de la red social Twitter, Trump dijo que podia comprar de nuevo en Atlantic City a un precio mucho más barato para salvar el Trump Plaza y el Trump Taj Mahal.
"¿Alguien se da cuenta de que Atlantic City perdió su magia después de mi ida hace unos años?", añadió, en su característica fanfarronería.
Un paciente vivo
Pero decir que Atlantic City se está muriendo sería componer un obituario prematuro. Los buenos tiempos seguirán rodando en casinos de lujo como el Borgota, que ha disfrutado de su agosto más activo desde 2009.
La clave es hacer que los casinos de Atlantic City sean vistos como destinos turísticos, al ofrecer restaurantes de alta calidad, servicio exquisito y espectáculos que atraigan multitudes.
Tom Balance, jefe de operaciones y presidente del hotel, casino y spa Borgata, dice que los casinos de alto rango necesitan diferenciarse de los casinos convencionales, que atraen a clientes que viven cerca y cuyo máximo propósito es jugar a las máquinas tragamonedas.
"Incluso las previsiones más pesimistas cifran el mercado de Atlantic City en 2.000 millones de dólares, lo que sería el tercer nicho de mercado más grande en Estados Unidos de aquí a cinco años", dice Balance, mirando a su moderno hall de juegos.
"No se está muriendo, sólo está cambiando drásticamente". Si bien no se enfrenta a la muerte, gran parte de Atlantic City está sin duda en fuerte declive. "¿Cómo estás, AC?", pregunta una campaña de marketing de la ciudad. "No muy bien" es la respuesta que no se puede negar.