De la encuesta han participado 8.494 ciudadanos de todas las comunidades autónomas, entre los cuales había fumadores, no fumadores y ex fumadores, y los resultados de este trabajo, que se han presentado este jueves coincidiendo con la presentación de la XIV Semana sin Humo, muestran su “clara oposición” a un cambio de la ley.
En concreto, el 82% de los españoles ve mal o muy mal que se modifique la ley para permitir fumar en casinos y salas de juego.
Además, aunque el cumplimiento de la ley es bueno, el 16% de los encuestados culpa a las autoridades, por falta de función inspectora, de que no se cumpla la ley en su totalidad, un 61% cree que el fumador es el principal responsable y un 13 por cieto considera que es el dueño del local.
Como señala la doctora Ana Pastor, vicepresidenta de la entidad responsable de la encuesta, en un momento en el que vuelven a alzarse voces que reclaman una relajación de la actual norma antitabaco con fines recaudatorios “es muy oportuno escuchar la voz de los ciudadanos”.
“Desde los centros de salud hemos preguntado a todos, a los que fuman, a los que no y a los que un día decidieron dejarlo y el resultado es contundente: son conscientes de que está en juego su salud y la de su entorno; la mayoría no desea volver a lo de antes y ve con buenos ojos que no se permita fumar en estos espacios públicos”, destacó.
Para la doctora Pastor, la actual legislación tiene como finalidad proteger a los no fumadores, ya que no prohíbe fumar sino que regula dónde no puede hacerse. “Y esa es la razón por la que los mayores beneficios se han producido en los no fumadores, por lo que en ningún momento esta legislación va en contra de los derechos de los fumadores, ya que tampoco se les discrimina en cuanto a la utilización de recursos sanitarios, como ya ocurre en otros países”, aclara.
Por su parte, el doctor Plácido Gascó, coordinador de la Semana sin Humo y miembro del Grupo de Abordaje al Tabaquismo (GAT) de semFYC, advierte de que si finalmente se cambiara la ley “estaríamos ante un retroceso que podría incitar a la creación de una “Ciudad de las adicciones” y al fomento de una sociedad de adictos con la consiguiente comercialización de las adicciones”.