Los bingos y los salones de máquinas recreativas también han bajado a mínimos su rentabilidad, motivo por el que el Grupo Díaz Carbajosa, propietario también del Casino, ha cerrado en los últimos tiempos dos Play Gallery: uno en Cuatro Caminos y hace escasos días el de la esquina de la calle Corrida con Munuza.
Las empresas del juego consultadas aseguran que desde que empezó a notarse la crisis en su sector, en 2008, no ha cesado de caer el volumen de ingresos en los establecimientos presenciales (casinos, bingos y máquinas). Algunos cifran en un 50% e, incluso en más, lo que han dejado de facturar en estos años por la pérdida de clientes.
Además de los efectos de la crisis, que no ha parado de adelgazar sus cuentas de resultados y recaudaciones, los profesionales gijoneses del juego también ponen de relieve el castigo que ha supuesto para ellos la Ley Antitabaco.
“Nos dio el primer golpetazo fuerte”, asegura Begoña Abad, encargada del Bingo ElGame, en la plaza del Seis de Agosto, que reconoce que “hay días que no renta venir a trabajar y que el panorama está muy negro para el sector”.
La ausencia de zonas reservadas para fumadores en este tipo de establecimientos se ha sumado, explican, al menor poder adquisitivo de los clientes –“si no les llega para comer, no lo van a gastar en ocio”-, el encorsetamiento de la normativa que regula el juego en el Principado -con limitaciones legales para publicitar la oferta de juego- y el envejecimiento de los jugadores.
El sector también resalta, como perjuicio, la proliferación de la nueva modalidad de juego “online” o juego remoto a través de internet, que ha restado público al presencial y supone una competencia que hasta hace muy poco era ilegal, no tributaba y estaba fuera de todo control.
Pero lo que realmente ahoga a la actividad del juego en Gijón y el resto de Asturias es la alta fiscalidad. En eso coinciden todos. Muchos de los empresarios consultados reconocen que no podrán mantenerse a flote y conservar los puestos de trabajo si el Principado no rebaja la elevada presión tributaria a la que les tiene sometidos.
Raúl Pardo, gerente de Recreativos Pardo Silva, lamenta que el sector del juego “es el único que paga impuestos fijos en la región con independencia de que luego puedas recuperarlos o no”. En su caso, explica que por cada tragamonedas instalada en un local de hostelería, hay que pagar unos 3.700 euros al año (una carga cuyo reparto se negocia entre operador y hostelero), y ese es el umbral a partir del cual se mide la ganancia y la rentabilidad de una máquina.
Quiere esto decir que si no se juega al día una cantidad superior a 10 euros, las cuentas no cierran. “A ello hay que sumar tasas que te cobran por traslados, certificados, autorizaciones... Y es una barbaridad en el momento actual”, indica Pardo. Por eso considera importante que el Gobierno regional permitiera dar bajas temporales a las máquinas recreativas, “porque ahora tenerlas en un almacén cuesta dinero y para sacarlas de circulación, te obligan a destruirlas y son muy caras. No bajan actualmente de 6.000 euros”.
El Casino de Asturias simboliza en la ciudad, las penurias que atraviesa el sector del juego. Arrancó su actividad el 22 de febrero de 2006 y en su primer año recibió 120.000 visitas con un gasto por usuario de 74,65 euros.
La situación cambió a partir de 2007, con un descenso en el número de visitantes y en el volumen de negocio, lo que ha obligado a la empresa a ir ajustando la plantilla y a redimensionar el negocio a la población de Gijón y volumen de visitas del centro.
En este momento, está por debajo de las 80.000 visitas con un gasto por usuario de 30 euros. La plantilla, que ya va por su segundo ERE, ha pasado de 200 trabajadores a unos 70. El complejo de Carbajosa ingresó en su primer año de funcionamiento 6,2 millones por su actividad de los que tributó 2,5.
En 2010 -último con cifras conocidas del la Memoria del Juego- ingresó por juego 3,85 millones, de los que 1,3 fueron a las arcas regionales.