Durante el fin de semana, debido a que cerraron el viernes, los casinos han perdido millones de dólares en ganancias potenciales. Y a pesar de que las once salas permanecían cerradas, algunas de las instalaciones mantuvieron sus hoteles abiertos.
El miedo de los responsables de los hoteles era que los viajeros, que habían agendado reservaciones no encontrasen otro refugio. Los reguladores del juego tendrán la palabra final sobre cuál de los casinos abre y en qué momento.
Los casinos deberán pasar por una larga lista de aprobaciones de los reguladores. La comprobación del estado incluye procedimientos para el retorno de dinero en efectivo a las cajas de seguridad y pruebas de sus sistemas informáticos, pero se espera que sean de rutina.
El objetivo es asegurar que los clientes regresen a los mismos juegos que dejaron cuando los casinos cerraron el viernes. Por suerte, los casinos reportaron daños superficiales de menor importancia.
Las salas de juego de la ciudad han estado luchando con la economía desde la recesión del 2008. El cierre debido al huracán Irene solamente incrementará la cantidad de estrés que los ejecutivos de la industria tienen encima. Además de la recesión, el aumento de la competencia en muchos estados del noreste ha hecho que sea difícil para los casinos de Atlantic City volver a sus días de gloria, en los años 80 o 90.