“Podemos hacer un análisis en forma indirecta; si la mayor actividad lúdica está en las máquinas tragamonedas, se supone que probablemente, el público que asiste a esas maquinitas (que requieren un bajo monto para la apuesta) es el público trabajador, de clase media o baja. Probablemente también, aunque siempre hay excepciones, aquellos jugadores que van a las mesas de paño son los que juegan fuerte y con otras dimensiones de dinero”, estimó.
Sobre si el fenómeno preocupa, el ex legislador opinó como quien habla sobre el hecho consumado: “Debería haber preocupado cuando sancionamos la ley, que permitió la radicación de los casinos”. Igualmente, sostuvo que el mismo comportamiento se observa en los demás juegos de azar.