Edición Latinoamérica
02 de Diciembre de 2020

Mientras ellos son fuertemente regulados, tienen una competencia que nadie fiscaliza

Chile: loterías, casinos e hipódromos arman frente contra las slots ubicadas en la calle

(Chile).- En el país están prohibidos los juegos de azar, salvo los autorizados por leyes especiales. Sin embargo, en todas las ciudades chilenas se pueden ver miles de máquinas tragamonedas -en total hay unas 400 por comuna- que compiten fuera de las reglas del juego.

M

ientras a los nuevos casinos se les exige millonarias inversiones en infraestructura, se les cobra impuestos que suman casi el 40% de sus ingresos y a la Polla Chilena de Beneficencia y a la Lotería se les obliga a entregar sus ganancias a la comunidad, a pocos metros funcionan máquinas de juego que nadie fiscaliza y en las que los clientes hacen fila para probar suerte desde los $100 (U$S 0,18).

En el 70% de las comunas, estos aparatos funcionan con una simple patente municipal de entretenimientos electrónicos, que las municipalidades están prácticamente obligadas a otorgar a quien se la pida.

Sólo pueden rechazarlas si demuestran que las máquinas son de azar, tema que no se ha podido zanjar, ya que en Chile no existe ningún organismo estatal autorizado para hacerlo. La misma Contraloría General de la República reconoce en sus dictámenes que "el ordenamiento jurídico no ha establecido cuáles son los organismos idóneos del Estado para emitir pericias sobre juegos de destreza humana".

Así, toda la certificación de estas máquinas queda entregada a peritos contratados por los dueños de tragamonedas.

Por su parte, los casinos, loterías e hipódromos creen que la Superintendencia de Casinos de Juego (SCJ) es el ente más indicado para decir si las máquinas son o no de azar y así lograr sacarlas de las calles. Pero la SCJ dice que esto no le corresponde. La ley "sólo le otorga facultades para regular y fiscalizar el desarrollo de los juegos de azar autorizados en la nueva industria de casinos de juego", dice el superintendente Francisco Javier Leiva.

Lo que sí le otorga la ley de casinos a la superintendencia es la posibilidad de actuar ante los tribunales de justicia, para que las autoridades competentes investiguen y resuelvan sobre juegos de azar que sólo pueden ser desarrollados al interior de los casinos. Pero hasta el momento no ha hecho nada respecto a las tragamonedas callejeras. "Las máquinas explotadas en locales comerciales a lo largo del país, con un valor que fluctúa entre los $100 mil (U$S 181) y $300 mil (U$S 542), claramente no tienen ninguna similitud con las 6.132 máquinas de azar de la nueva industria de casinos de juego regulada y fiscalizada", justifica Leiva.

El tema se ha intentado regular con una ley que descansa en el Congreso y que desde 2007 no tiene movimientos ni urgencia.

El centro de la pelea radica en qué tipo de máquinas son. Mientras los casinos, hipódromos y loterías dicen que las tragamonedas de barrio son juegos de azar, los dueños de estas últimas insisten en que son de habilidad y destreza, y por lo tanto, pueden funcionar libremente, como si fueran un simple tacataca.

La Asociación de Operadores, Fabricantes e Importadores de Entretenimientos Electrónicos (Fiden), que reúne a 200 empresarios, ha liderado la campaña para demostrar que las máquinas funcionan de acuerdo a la destreza.

Puede ser que en el depositar una moneda en una ranura en el momento indicado, como en el juego Cascada, o en tirar con más o menos fuerza una bola como en el pin ball, haya habilidad y destreza, pero, ¿qué hay de eso en apretar un botón, como se hace en las máquinas de modelo tragamonedas?

En la Fiden dicen que éstas son máquinas de premio programado. Éstas funcionan con un chip que las programa para pagar entre el 30% y el 60% de las oportunidades, y el jugador podría llegar a calcular cuándo pagará. Sólo es tema de práctica y tiempo, en el que se gastan monedas de $100 (U$S 0,18) probando suerte.

La Polla Chilena de Beneficencia, la Lotería, el Hipódromo Chile, el Club Hípico y Enjoy decidieron trabajar en conjunto para erradicar estas máquinas o normar su funcionamiento.

Entre ellos comparten información y trabajan sensibilizando a fiscales, alcaldes e intendentes para que saquen los centros de juego. "Desde hace tres años presentamos querellas que no se han resuelto pero hemos logrado que la fiscalía local retire máquinas", explica Eduardo Jury, de la Lotería.

Además cada uno por su lado ha presentado querellas, Polla tiene veinte en trámite desde 2005 y sólo en una de sus causas hay 12 personas procesadas.

Sólo en Santiago centro, en el radio ubicado entre las calles Alameda, Amunátegui, Mapocho y Santa Lucía, se contabilizaron hace unos meses más de 500 máquinas. En San Antonio, San Diego y el edificio Eurocentro se concentran los centros de juegos, tiendas con entre 20 y 50 máquinas.

Para funcionar necesitan patente municipal de juegos electrónicos y hay municipios que han comenzado a cobrar patentes por máquinas instaladas en cualquier local que van entre media y 5 UTM.

Las máquinas son importadas desde China principalmente. Vienen completas o se arman en Chile. En el país se comercializan entre $250 mil (U$S 452) y $400 mil (U$S 723) cada una.

Los dueños de estas máquinas las instalan en sus propios locales de juego o en todo tipo de almacenes de terceros. Generalmente acuerdan de palabra repartirse la utilidad, que hace un par de años era de 30% para el almacenero y 70% para el dueño del aparato. Hoy es tanta la oferta que los almaceneros cobran hasta 50%.

Los juegos se instalan en negocios que en algunos casos como los de calle San Antonio, en el centro de Santiago, exhiben como única exigencia a sus clientes, el ser mayores de 18 años.

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