En el lugar, montado como un modesto pero coqueto bar, se hallaron seis máquinas tragamonedas. Cinco de ellas, con pantallas de 20 pulgadas, estaban destinadas a distintos juegos de azar, mientras que otra sólo estaba programada para partidas de póquer.
Cuando los agentes llegaron al local no había ningún apostador invirtiendo su dinero pero sí estaba el encargado del lugar, que terminó demorado por infracción a la ley de juegos y a disposición del Juzgado de Circuito número 33, con asiento en Villa Gobernador Gálvez y jurisdicción en la zona sur de la provincia.
Los pesquisas lo identificaron como Máximo C., de 35 años, quien ahora deberá rendir cuentas ante la Justicia de su emprendimiento, algo que jamás estuvo aceptado en la provincia de Santa Fe y mucho menos ahora que las grandes salas de juego han sido habilitadas y parte de la recaudación va a parar a las arcas oficiales.