¿Desde cuándo está Maroñas Entertainment en el mercado uruguayo?
Hípica Rioplatense participó en la licitación del Hipódromo Nacional de Maroñas. El llamado comenzó en 2001 y se otorgó en 2002. Durante ocho meses, Hípica reconstruyó el lugar y lo inauguró en junio de 2003.
¿Quiénes son los dueños?
Son dos grupos accionistas: el Grupo Codere de España y el Grupo SLI de Argentina. Codere es una multinacional y tiene negocios en Europa y América Latina básicamente. Mientras que SLI es un grupo de inversión muy grande también y ambos están relacionados al rubro del entretenimiento.
¿Cómo ha sido la evolución de la empresa en el correr de estos años?
Sumamente exitosa. Con la licitación se otorgaron hasta cinco salas de juego para poder sostener la actividad hípica que mueve alrededor de 70.000 personas.
¿De cuánto fue la inversión realizada?
La inversión fue de U$S 70 millones.
¿Cuál fue el motivo que llevó a los inversores a hacerlo en Uruguay?
Yo llegué cuando la inversión ya estaba realizada, pero me imagino que fue porque Uruguay es un país que ofrece garantías y oportunidades para desarrollar negocios.
¿Cuántas personas concurren, por día, al Hipódromo?
Los fines de semana unas 4.000 personas, sobre todo los domingos. Pero entre semana también viene mucha gente en especial entre las 6:00 y las 11:00 horas, que es cuando están entrenando los caballos que van a correr el siguiente fin de semana. Alrededor de 1.500 personas son las que se acercan.
¿Son un buen negocio las apuestas?
Nosotros no definimos que estamos en el negocio de la apuesta, sino en el del entretenimiento. El hipódromo es deficitario, pierde plata. Por mejor que se administre debe perder plata, porque siempre hay que mejorar el premio. Los casinos son los que financian la actividad hípica.
¿Cuánto dinero pierde?
Si lo tomamos como una unidad de negocios separada, pierde entre U$S 1 y U$S 2 millones anuales por los premios hípicos. Lo que genera no alcanza para pagarlos.
¿Qué es lo que sucede?
Que la gente que nos visita, si bien juega boletos a los caballos, lo hace en montos muy pequeños. Hípica Rioplatense es un negocio en el que hasta ahora los accionistas no han recibido ni un dividendo. Es normal en una operación que recién comienza y después de una inversión tan grande. Hay que esperar.
¿Cuándo espera que se recupere?
Este es un negocio a largo plazo. Son 30 años, y recién vamos cinco.
¿Quizás en otros cinco?
No. Un poco más.
¿Cuánto facturó la empresa en 2007?
Entre U$S 50 millones y U$S 60 millones.
¿Cómo esperan cerrar este año?
Fue un año muy raro con un comienzo bastante difícil sobre todo por la evolución cambiaria: un dólar que perdió valor y un peso fortalecido y después cambió y sucedió al revés. Yo creo que va a ser un poco mejor que el año pasado pero con muchos altibajos.
¿La crisis es compatible con el juego?
Nosotros ahora empezamos a sentir, en porcentajes mínimos, la caída con respecto al mismo período del año pasado. Se ve estacionalidad, no me atrevería a decir que es por la crisis, pero creo que las crisis pegan a todo el mundo y nadie se salva.
¿Estudian otros emprendimientos?
Siempre se están estudiando. Es parte del crecimiento de toda empresa, pero no tenemos nada concreto.
¿Cómo es su relación con el Estado?
Nosotros estamos altamente regulados y, de hecho, nuestras salas de juego las opera el Estado a través de la Dirección de Casinos. La relación es muy buena. Obviamente cumplimos papeles distintos dentro de la gestión.
Los casinos estatales perdieron mucho dinero ¿cómo los ve hoy?
La verdad que no tengo los números para poder analizar. El de los casinos es un negocio complicado, hay que saberlos llevar muy bien y, si no se controlan muy bien los gastos, pueden llegar a tener pérdidas astronómicas.
¿Qué perspectivas manejan en Hípica Rioplatense para el sector?
Yo creo que son buenas. Analizando el entusiasmo y cómo ha crecido en los últimos años la actividad, se pueden augurar cosas buenas.
De Uruguay salió, el año pasado, el mejor caballo del mundo; además se han exportado otros productos a precios muy buenos y tanto los haras como los propietarios están más preocupados en mostrar calidad más que cantidad. Creo que en poco tiempo se va a llegar a una hípica de primera línea.
¿Considera que los uruguayos hacemos todo lo que está a nuestro alcance para tener un crecimiento sostenido?
Sí. Creo que lo estamos haciendo. Veo muchos empresarios trabajando, comprometidos en desarrollar y sacar el país adelante.
Muchos consideran que los casinos lucran con la desesperación de la gente ¿qué respondería?
Obviamente no estoy de acuerdo, pero si bien existe un pequeñísimo número de clientes que podrían catalogarse de ludópatas, ese no es el cliente que nosotros queremos. Tanto en el hipódromo como en los casinos lo que procuramos es entretenimiento y diversión. Entre otras cosas, tenemos shows, gastronomía y espectáculos.
¿Cuánto, en promedio, se juega por día?
A Maroñas vienen 4.000 personas por fin de semana y juegan un promedio de $ 500 (U$S 21,3) por persona mientras que en las cuatro salas de juego estamos hablando de alrededor de 10.000 personas que en promedio gastan $ 220 (U$S 9,39). En Maroñas no he visto una apuesta mayor a los $ 8.000 (U$S 341).
¿Cuál es el perfil del jugador?
Es muy diverso. Los días sábados al hipódromo van los "burreros", que son básicamente hombres de entre 40 y 45 años. Mientras que el domingo es el día de la familia. A diferencia de lo que ocurre en el exterior, la actividad en Uruguay es más familiar que individual.
¿Qué beneficios les trae el apoyo a la comunidad, al barrio?
Más que un beneficio es devolverle a la comunidad parte de lo que nos da. El barrio Ituzaingó es de gente trabajadora que tiene muchas carencias y creemos que hay que ser buen vecino. Ojalá hubiera más cambios.
Cuando se inauguró el hipódromo, el entonces intendente Mariano Arana dijo que terminaría la avenida Centenario que da a la puerta del palco, reubicando un asentamiento de 400 familias, pero ya pasaron cinco años y todavía no se ha hecho.