La campaña china contra el juego iniciada en el mes de diciembre logró el cierre de 84 casinos y salas de juego en un operativo que contó con la participación de la policía local y la coordinación con países vecinos, gracias a lo que dejaron de operar esos centros, situados en el territorio limítrofe de Yunnan con Myanmar, Laos y Vietnam.
Esas instalaciones no se cerraron por la fuerza sino que fueron a la quiebra después de que las naciones vecinas prohibieran a sus respectivos ciudadanos frecuentarlas. Asimismo, acciones conjuntas de la provincia y sus contrapartes condujeron a cortar los servicios bancarios prestados a esos centros e impidieron a los patrones y numerosos empleados chinos continuar sus actividades en esa zona.
La mayoría de los fundadores, dueños, administradores y empleados de esos centros son chinos, a pesar de ser el juego de azar una actividad prohibida en su país, pero en años recientes un número creciente chinos adinerados van a jugar a esas zonas cercanas, pero exteriores a la frontera de este país. Entre esos jugadores, el propio gobierno admite que figuran especialmente algunos funcionarios chinos corruptos que gastan cifras millonarias en esa actividad.