Por medio de un comunicado publicado en el semanario diocesano Gaudium, la presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que encabeza el obispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, señaló que la instalación de casinos y casas de apuestas en territorio mexicano tendría repercusiones en los valores éticos, morales, culturales, sociales y económicos.
“Se han hecho estudios -y conviene realizar más- que demuestran lo engañoso de esta industria del juego, y también de sus repercusiones negativas en la vida de muchas personas y sus familias”, señala el artículo de la cúpula eclesiástica mexicana.
Al referirse al anteproyecto de ley que se encuentra en el Congreso de la Unión, donde se estudia la posibilidad de permitir la instalación de casinos en territorio nacional y ser un factor que promovería el desarrollo económico, el semanario asegura que de llevarse a cabo, sólo fortalecería a las tendencias negativas del actual sistema económico.
“La economía debe estructurarse y rehabilitarse también desde la ética, porque ésta última está cada vez más supeditada a los intereses de una economía deshumanizante. Por lo tanto, no puede esperarse un resultado positivo de la aprobación legal de casinos y casas de apuestas. Las casas de apuestas no aportan ni en cantidad ni en calidad al desarrollo económico del país, antes bien, pueden ser un obstáculo”, señala la CEM en Gaudium.
El semanario diosesano señala además que con la instalación de casinos se promueve la desintegración familiar, ya que el trabajo honesto de las personas se corrompería al participar en juegos de azar.
“Se corre el riesgo de perder el valor y la dignidad del trabajo en el azar de las apuestas, y éste es el alto costo que se paga para generar empleos y riqueza mediante casinos y casas de apuesta”, afirma el comunicado de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
La Presidencia de la CEM hace un llamado a las autoridades federales para olvidar la instalación de centros de apuestas en México y mejor impulsar programas de desarrollo social. “Esta es la vía correcta y más apropiada para elevar en forma duradera el nivel y calidad de vida, fomentando actividades productivas o de servicios más necesarios y socialmente menos riesgosos y comprometedores”, señala el mensaje de la CEM.